martes, 9 de febrero de 2016

La Alquimia, la vida y la muerte.

La Dualidad es un tema recurrente en este blog. No me canso de recordarnos a todos que dividir el mundo es una costumbre puramente humana, y ninguna de esas cajas o categorías existen en la realidad. Por supuesto, mi filosofía #Zen tipo monstruo de Frankenstein, porque descuartizo como mil tradiciones y agarro lo mejor de cada una (o sea, lo que me conviene), se vuelve más difícil de digerir cuando hablo de la Vida y la Muerte.

Te puedo convencer, o al menos creo poder hacerlo, de que "arriba" y "abajo" son conceptos que se forman porque la existencia en la Tierra está regida por la gravedad; es decir, es algo que nos inventamos porque es útil en este planeta conocer la diferencia entre "arriba de una montaña" y "no te vayas a caer hasta allá abajo porque morirás".

Estos conceptos marcan la diferencia entre la vida y la muerte cuando hablamos de montañas, bordes peligrosos, y gente torpe que escala sin respeto. Pero la dualidad vital no acepta negociaciones; no puedes estar "un poquito muerto", ni meeeeedio embarazada.

Lo que sí puedes hacer, es inventarte un montón de teorías que dictan lo que va a pasar después de la parada final. Incluso puedes cobrarle a la gente cierta cantidad para que tu cadenero los deje pasar a la próxima etapa, como hacen ciertas sectas basadas en las enseñanzas del Nazareno. Deberíamos dar las gracias porque el catolicismo ya no cobra por esa redención final, siempre y cuando Dios te agarre confesado. 

Podría decir que el #Budismo es una mejor creencia, en el sentido de que a todos nos asegura la continuidad; pero quiero que recuerdes por un segundo que, para sus practicantes, volver a nacer es una suerte de maldición, y el mundo de los humanos es uno de sus 6 infiernos. 

Viendo el estado actual de muchas partes del mundo, no sé si reírme o llorar; pero, si nos toca reencarnar en este plano, por lo menos podemos aplicar esa famosa frase de "mejor mal conocido...".


La cosa es que todo mundo quiere pensar que existirá algo después de la muerte. Excepto los nihilistas, que piensan que es el final definitivo, pero esa gente suele ser depresiva, superficial y caer en excesos de alcohol y sexo para darle sentido a su banal... Espera, pensándolo bien, no suena tan mal.

Pues la ventaja en este debate tan viejo como la humanidad es que todos sin excepción vamos a comprobar la respuesta. Aún así, no te recomiendo que hagas apuestas con tus amigos porque la parte difícil es regresar a cobrar. Pero te quiero presentar la visión alquimista de todo este bendito show.

La #Alquimia ortodoxa guarda un respetuoso silencio cuando se trata de la vida y la muerte pero, para ser justos, ningún alquimista que haya escapado de la hoguera fue conocido por hablar del Arte Magno, al menos no con claridad. Afortunadamente su conocimiento permaneció, en este caso, en la forma del símbolo del Ouroboros. 

Para los que no han pasado su vida fascinados por esos seres tiernos, abrazables y legendarios llamados "dragones", el Ouroboros es el nombre que recibe el clásico símbolo del dragón tragándose su propia cola. Claro, se lo robaron a los egipcios pero, si recuerdas la publicación sobre la piedra filosofal, "alquimia" viene de las palabras "Al-Khemi", proveniente de Egipto, así que no te sorprendas si encontramos otras similitudes.

El símbolo del Ouroboros representa la continuidad del universo, sin interrupciones; pero ese punto en donde el dragón se muerde su propia cola duele como el carajo. Es lo que podríamos llamar la transición entre un estado y otro.


Pero, desde la visión alquimista, eso es todo lo que pasa cuando la naturaleza nos cobra la deuda que todos tenemos que pagar: dejamos de existir en una forma, y empezamos a existir en otra.

Somos luz, ¿sabes? Deberías saberlo. Brillas tanto que la gente tiene que cerrar los ojos para no lastimarse. Lo malo que nos dormimos, y entre sueño y sueño nos creemos ese tipo de patrañas. Pero nadie muere, porque todo lo que existe es luz.

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