jueves, 31 de marzo de 2016

Hablando de gatos y traiciones.

Se me ha acusado de muchas cosas: tristemente, ser demasiado guapo jamás fue uno de los crímenes que se me imputaron. Ya sé: puedo decir que al fin logré cometer el crimen perfecto, y por eso nunca me lo han reclamado, porque aceptar la verdad sería un golpe demasiado doloroso para el narcisismo que me queda.

Pero recientemente me hicieron el comentario, debo admitir que no por primera vez, de que si digo que voy a hablar sobre un tema, debería enfocarme en el maldito tema y dejarme de artimañas.

Me gustan las artimañas. No sé qué hacer al respecto.

Podría argumentar que mi estilo de escritura se asemeja a la escuela #Zen del Maestro #AlanWatts, pero sería contraproducente porque ese señor dice lo primero que se le viene a la mente. Creo que, después de todo, sí nos parecemos.

Pero, ya empeñado en defender mi precaria postura, tal vez me convendría escudarme tras la escuela del buen Alesiter Crowley y su noble ascendencia de místicos que, luchando por transmitir un concepto que a menudo va más allá del lenguaje, despotrican incesantemente esperando que un tipo de mensaje o significado acabe por emerger. No, a quién engaño: no soy tan profundo, ni pretendo presentarme como un guardián de la Verdad, así con mayúscula, porque es más divertido burlarse de esa gente que intentar pertenecer a su club.

Antes que nada, quiero mencionar que la queja más reciente contra mi estilo de escritura fue dirigida a la publicación: "El gato de Alicia y el Gato de Shcrödinger", en la que no hablo del gato de Alicia en el país de las maravillas, y pareciera que si acaso menciono al gato de Schrödinger fue más bien por accidente.

Pues no me puedo defender poniéndome la máscara de gurú, ni quiero acusarme de tener un mensaje muy profundo. Más bien, prefiero tomar el camino más prosaico de explicar el porqué de la entrada.


En primer lugar, en esa publicación hablo de la costumbre de las escuelas iluministas de rechazar la lógica simple, similar al experimento de pensamiento propuesto por el buen Erwin Schrödinger para intentar darle sentido a la terrible costumbre de las ecuaciones de física cuántica de arrojar dos o más resultados, mientras que nosotros los seres humanos solo podemos experimentar una realidad.

Esta cualidad etérea de la existencia, al menos etérea hasta que la observamos, es una metáfora perfecta para el gato de Alicia, que desaparece en un instante dejando atrás su sonrisa porque, en el país de las maravillas, una sonrisa no necesita del gato que llevaba puesto para existir.

Todo esto lo utilizo como fondo para proponer, porque ciertamente no demuestro, que la realidad va mucho más allá de lo que podemos explicar. Algo así como esta publicación, que en realidad trata sobre la 11va carta del Tarot: La Fuerza.

No sé si te has dado cuenta, pero cada semana explico una nueva carta con algunas publicaciones, y luego remato con un ejercicio para utilizar la imagen. A partir de la próxima semana lo haré más evidente, así que puedes revisar los títulos para saber de qué carta trata cada título.

Quiero advertirte desde ahora que no intento explicar nada, porque para eso hay fenomenales libros del Tarot. Sólo pretendo dar a entender que la vida es el proceso más complicado del universo, y esa genial compilación de imágenes es una forma de entenderla. 

Pero no sirve de nada si no puedes relacionarlo de forma inmediata con tu vida. Por eso trato temas como la consciencia, la alegría, el amor, y otras cosas que no aparecen dentro de la baraja.


Porque si quisiera darte el significado de la carta, diría algo como: "La Fuerza representa la capacidad del ser humano para adaptarse al mundo, y hace referencia al pasaje de la biblia que nos identifica como gobernantes de todo el mundo natural a través de la esencia divina, o la inteligencia".

Oye, eso fue más fácil de lo que pensaba. No tenía que robarle la idea a Lewis Carroll para defender el libro más raro que jamás escribió, y convertirlo en mi entrada de hoy. Pero creo que decir las cosas así es más divertido.

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La Fuerza

Imagen: una mujer domando un animal feroz a través de su voluntad, pues no se muestra ningún esfuerzo o instrumento que utilice para dominarlo. Representa la supremacía del ser humano ante todos los obstáculos, y su potencial para crecer.

Atribución alquimista: Leo (por eso el título habla de gatos. Son adorables).

La Meditación:

1.- Define lo que para ti significa la fuerza.
Si piensas que es una capacidad física, es lo más fácil de conseguir. Pero te recomiendo que vayas un poquito más allá.
2.- Piensa si tú mismo eres fuerte, de acuerdo con tu definición.
Muchas veces, pensamos en la fuerza verdadera como algo que nos falta y admiramos.
3.- Medita si acaso es posible obtener esa fuerza, si es que te falta en tu vida.
De nada sirve tu definición si no te permite ser, o convertirte, en una persona fuerte, porque generalmente pensamos que eso es lo que necesitamos para vivir bien.
4.- Cambia tus creencias acerca de la fuerza, acerca del mundo, o acerca de ti mismo, hasta que te consideres capaz de mejorar.
Todo pensamiento es una ilusión. Será mejor que empieces a pensar cosas útiles, porque jamás vas a llegar a la verdad. Y eso es lo genial del asunto. Si te haces consciente de tus ideas, puedes empezar a cambiarlas.

Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.

martes, 29 de marzo de 2016

El camino del guerrero.

La existencia es el precio que pagan los guerreros por hacer la guerra. La guerra, en cambio, es el precio que paga la gente común por existir. La vida es una lucha constante donde, irónicamente, tenemos que destruir otros seres para poder continuar existiendo. Puede que sea triste, pero matamos microbios incluso al respirar, así no hay forma de escapar este cruel destino.

Los #Budistas piensan que tanto conflicto no vale la pena, así que se inventaron un método conveniente llamado "Nirvana" para escapar de todo el show.

En realidad no inventaron el #Nirvana. Solo se dieron cuenta de que, cuando al fin dejas de actuar como imbécil, la rueda de las causas y las consecuencias que tarde o temprano siempre acaban pateándonos deja de girar: logras estar en paz con el universo, y como una especie de favor el universo a su vez te deja de molestar.

Aleister Crowley no pensaba soportar esa doctrina traicionera. Él dijo: "yo soy irlandés, y sus credos budistas me la ^#%£¥". Bueno... Aleister Crowley no era irlandés. De hecho, era budista. Él era el tipo de persona que deseaba "una expedita partida del mundo de la existencia". Quiero decir, se lo deseaba a sus amigos. En plena navidad. #TrueStory.

Entenderás que no era un chico muy popular. 

La mitad de sus escritos son una queja sin fin acerca de la maldición del pensamiento y la cadena insufrible que representa la consciencia. Dios, ¿te imaginas ir a una fiesta con ese señor? Qué horror. Bueno, mejor no voy a decir nada, porque la verdad te sorprendería; pero ese es tema para otro momento.


Carlos Castaneda, en cambio, era un tipo adicto al peyote con más imaginación que inclinaciones académicas; él se dedicó a escribir las novelas de culto, y quiero decir las novelas de culto de los años 60, donde glorificaba el uso de plantas psicotrópicas para expandir la consciencia o, como él le llamaba, el poder personal.

Bueno, en primer lugar, el peyote no causa adicción, así que te recomiendo tener un poco de criterio antes de creerte la propaganda en contra de ese tipo de cosas. Por supuesto, Carlos Castaneda también se hizo un escritor en contra de las plantas de poder que defendió en un principió, por lo que también te recomiendo tomarte con un granito de sal toda la propaganda que encuentras a favor.

Además, el hecho de que haya sido un novelista, y no un cronista (como la introducción a sus libros, presentando credenciales de antropólogo sugieren), no quiere decir que haya sido un mentiroso.

Por supuesto que las plantas alucinógenas expanden la consciencia, porque puedes definir esa expansión como casi cualquier cosa y salirte con la tuya. Es lo bonito del New Age. Nadie está de acuerdo con lo que significan las cosas. Para tener éxito, solo necesitas abrirle a la gente una puerta hacia otro mundo, y darles permiso para drogarse todo lo que quieran.


Por eso no me puse a hablar del camino del guerrero, aunque el título insinuara que lo haria: porque la vida misma es guerra. Si estás vivo, felicidades: eres guerrero.

Pero no somos seres eternos. Cada batalla, cada día, puede ser el último. "Y en su última batalla sobre esta tierra, el guerrero ríe y ríe". Ese es el secreto de la iluminación, y del guerrero que ha dominado la muerte.

jueves, 17 de marzo de 2016

La poderosa fuerza de Thoth el atlante.

Tengo que explicar un poco el título de esta publicación para la gente que no ha vivido rodeado de esta rarísima cultura donde hablar de "Hermes", "Atlantis" y "la #Alquimia" es cosa normal: algo así como el 90% de mis lectores. "La poderosa fuerza de la Fuerza" es una línea de la tableta esmeralda, documento que expliqué en otra publicación. Se refiere a un principio que puede adaptarse a todas las cosas en el mundo, dominando aquellas que son etéreas, e imparable por todo lo que opone resistencia.

Para no aburrirte con una explicación que tiene muchas palabras como "energía", "circulación", "principios superiores" y otras cosas que no tienen sentido si no te las tomas con un granito de sal y dos kilos de análisis crítico, este principio se refiere al intelecto que, como ya he dicho, de acuerdo con #Hermes, el autor de la mencionada tableta, vence a todo lo sutil y penetra todo lo sólido.

Esto quiere decir que sin importar lo duros que sean los metales, el Hombre de Razón o "Iluminado", en el sentido renacentista de la palabra, puede penetrarlos con su entendimiento y darse cuenta de que todo lo sólido se derrite si tan solo aplicas suficiente calor. De la misma forma, existen leyes y técnicas que nos permiten controlar este calor y nos enseñan las maneras de producirlo, por lo que todas las Leyes del Reino, o "materia sutil", se encuentran bajo el dominio de "la poderosa fuerza de la Fuerza": el entendimiento de la Ley Natural, que era la verdadera herencia de los Filósofos, cristalizada en la famosa piedra que convierte el plomo en oro. 

A estas alturas, me imagino que ya te diste cuenta de que esto es una metáfora; cuando entendemos el mundo, podemos convertir arena y algunos alambres en microprocesadores y la era del Face. Tal vez los Alquimistas no vieron venir que la sociedad iba a girar alrededor de unos cuantos Likes, pero la intención fue buena.

Thoth era el dios egipcio de la escritura. Y tampoco es como si fueran los únicos que consideran a la escritura como un regalo divino. La tradición hebrea, que para ser honestos es un robo al despoblado de los mejores elementos del misticismo egipcio pero con otro alfabeto, enseña que la escritura fue entregada a la humanidad por un ángel.


Esta concepción del abecedario como algo que nos acerca a la divinidad tiene mucho que ver con el fragmento que mencioné de la tabla esmeralda. Cuando nos volvemos capaces de entender el universo a través de símbolos, entonces no tenemos que tropezarnos haciendo locuras para saber si pueden funcionar: podemos razonarlo. Menos el #Amor, porque el cerebro se va de vacaciones cuando te empieza a gustar alguien.

El ejemplo más reconocible son las matemáticas, que nos ayudan a predecir el comportamiento de cualquier cosa que podamos modelar. Por supuesto, tanto los egipcios como los hebreos son conocidos por sus sistemas de matemáticas, unos aplicados a la arquitectura y astrología, los otros aplicados a la creación de códigos a través de su alfabeto, pero ambos aterrizados en la religión, que no es otra cosa que la aplicación de los principios "espirituales", o la realidad comprendida a través de un método supuestamente verdadero, a la vida cotidiana.

Por último tenemos a la obligada mención del continente de #Atlantis. Mira, no voy a hablar acerca de si acaso existe o no. Solo sé que incluso Platón la menciona, y solo sé eso porque aparece al principio de la película de Atlantis de Disney.

Lo que me interesa es que esa mítica civilización nos da permiso de soñar. Quiero decir,  los seres humanos adoramos lo conocido. Una leyenda se vuelve diez mil veces más valiosa cuando nos permite pensar en mundos fantásticos como si fueran reales, como si alguien ya los hubiera vivido.

Por eso es importante hablar de Atlantis: porque nos da permiso de pensar que la humanidad tiene la esperanza de llevarse bien, algún día, de alguna forma; que podemos resolver nuestras necesidades, crear abundancia, y hacerlo sin pelearnos con la madre tierra, porque su civilización se acabó por un desastre natural, y nos ganando el mismo destino a pulso.

Ojalá pudiéramos hacer un poco de consciencia.


Pero ya me volví a desviar del tema: el título, que si recuerdas era lo que quería explicar desde el principio, es una mezcla de tres culturas distintas. Algo así como hablar del batimóvil de #Deadpool, protagonista de Game of Thrones. A primera vista no tiene sentido, pero nada que valga la pena se puede entender en un solo vistazo.

Lo que quiero decir, si es que quiero decir algo, es que el culto a la imaginación y el intelecto son tan viejos como el tiempo, como la misma humanidad; incluso el día de hoy persisten en la veneración hacia la ciencia y el arte. Pero no ha sido sino hasta nuestros días que empezamos a separarlos, como si fueran dos cosas distintas. 

Y eso está de la chin€@&%, porque así no podemos usar el conocimiento para crear un futuro que valga la pena. Primero tenemos que ser capaces de soñarlo.

martes, 15 de marzo de 2016

El karma se la p€¥@ al amor.

Este mundo es un lugar complicado. Tenemos Hipsters, Emos, Rockers, y a todos se los está llevando el Señor a su lado menos a Chabelo y Don Omar. Bueno, yo tampoco quisiera tener reggeatón en el paraíso, o tendría mucha gente pecando nada más para evitarse la pena.

Al final todos acabamos pagándole una deuda a la madre tierra; digamos que esta vida la rentamos, porque no nos pertenece.

Si nos perteneciera podríamos hacer lo que quisiéramos; pero no podemos, porque en la cultura nos enseñan que algunas cosas están bien, les llevamos la contraria, y entonces aprendemos a querer lo contrario. Es el ciclo de la vida. Por eso la sociedad avanza y cambia: porque nadie quiere ser como la generación anterior.

Eso es, más o menos, lo que significa el Karma. Las acciones que tomes hoy van a tener sus consecuencias mañana.

Bueno, la verdad es que a algunos hijos de @&€# les va muy bien. Pero para eso existe la doctrina de la reencarnación: así los fieles tienen un cierto tipo de certeza de que, tarde o temprano, el que la hace paga; de la misma forma, pueden creer que la gente buena tendrá su recompensa, en esta vida o en la siguiente.

Pero la felicidad y la tristeza no tienen nada que ver con que hagas las cosas bien o mal.

Lo triste de ser humano es que intentamos medir el Karma con nuestros sentimientos, y la mayoría del tiempo nos sentimos bien jodidos.

Eso nos hace pensar que estamos pagando deudas horribles a un agente de hacienda universal porque, si no fuera así, entonces seríamos felices y nos estaría yendo bien. Pero la felicidad y la tristeza solo dependen de tu propia mente.


Por supuesto, es más fácil convencer a tu mente de sonreír si puedes tomar el sol en tu yate privado cada que quieras. 

La verdad es que no existe el bien o el mal: existen nuestros juicios. La felicidad y la tristeza no aparecen, sino que las decidimos. No hay un ciclo universal que se mueva entre deudas y cobros, sino gente que hace cosas muy estúpidas y solo se da cuenta cuando está pagando sus consecuencias.

Pero no hay manera de escapar de este ciclo, porque al final todos vamos a morir. Dime qué tipo de recompensa durante tu vida sirve de balance para esa última afrenta, o qué te paga la vida que te haga apreciar el derecho a morir.

Esta vida no es un ciclo: es un espiral. El karma no regresa, sino que te avienta con el mismo impulso que empujaste, en la misma dirección. Si es demasiado fuerte, lo entiendes como un castigo pero, como en una cantina de autoservicio, cada quien muere por su propia mano.


La única cosa que podemos hacer para evitar el sufrimiento es amar todo lo que hacemos: decidir nuestras acciones con amor, y con amor vivir las consecuencias.

Solo cuando decidimos con plena consciencia (y para eso necesitamos hacer consciencia) podemos elevarnos por encima del ciclo de la #Causalidad. No nos salvamos de nada. Pero decidir qué deudas queremos pagar hace toda la diferencia.

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La Rueda (de la Fortuna).

Imagen: una rueda custodiada por un guardián, fuera de la rotación de la misma. Usualmente se muestran dos seres que representan a la existencia en ascensión y declive. 

Atribución alquimista: Júpiter.

La meditación:

1.- Piensa qué quieres hacer con tu vida.
No hay razón para hacer esta meditación con las decisiones pequeñas, que igual serán balanceadas al final de la vida, todas con el mismo resultado.
2.- Pregúntate a ti mismo: si el universo fuera a terminar como consecuencia de mis acciones, ¿de todas formas elegiría este curso de acción?
3.- Vuelve a preguntarte lo mismo hasta que encuentres algo que te apasione tanto, que la respuesta sea un contundente "sí".
Todos tenemos una cosa así. Puedes pensar que no, pero cuidar a tus hijos, a tu familia, seguir tu pasión o expresarte a través del comercio, la ciencia o el arte: siempre hay algo que te permite moverte sin miedo a las consecuencias.
4.- Una vez que lo encuentres, dedícate a vivir tu pasión: sin miedos, sin arrepentimientos. 

Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.

jueves, 10 de marzo de 2016

El misterio de la esfinge.

Las cuatro enseñanzas que todas, todas, todas las tradiciones iluministas del mundo tienen en común, son... Ya llegaremos a eso. Lo prometo.

Pero primero es necesario definir qué diablos es la iluminación, porque todo mundo sabe que la esfinge es el guardián de la Ciudad de las Pirámides, que no es una Ciudad turística con Pirámides; estoy seguro de que Egipto tiene sus propias aduanas y no contratan estatuas gigantes para checar pasaportes. Es una metáfora para el Nirvana, Shangri-La, o como quieras llamarle a esa legendaria ciudad iluminada que no existe, pero que todos los Maestros habitan igual.

Porque el hecho de que una cosa no exista no es un obstáculo para que pueda ser el hogar de mucha gente. Qué contradicción. Estarías en lo correcto si dijeras que eso no tiene sentido, pero ¿y qué? Lo primero que tienes que saber acerca de la iluminación es que no tiene sentido.

Mira, a todas las posibilidades que tiene algo se le llama un "ciclo". Cada tradición en la historia tiene su propio nombre para esto. Los budistas le llaman los "seis mundos", y transitarlos como un imbécil se llama Karma. También se puede hacer bien, cuando los vivimos como Dharma; al final de cuentas es tomar leche de la misma vaca, pero contenta. Los hebreos le llaman el Reino; esta palabra es mejor para una cultura que está obsesionada con tener un lugar donde pasar la vida sin que alguien trate de prohibir su existencia, pero la metáfora describe la misma cosa; sus maestros son llamados los Justos, porque el único gobernante del reino es el Señor, creador de todo lo que existe. Así que para los hebreos puedes ser un justo, o un imbécil.

Esta cosmovisión fue adaptada al cristianismo, porque ese #Yisus era un lokillo, pero también era rabino. Lo siento, yo no hice las reglas ni le puse nombre, y si te enojas eres mal cristiano. Así las cosas en el reino del señor. Por cierto, esa metáfora del "reino" nuevamente aparece, pero siguiendo la tradición de las religiones que derivan de una enseñanza a la que no le importa la política, contrataron un cadenero para separar el reino de los hombres del reino de los cielos. Esto es deprimente porque quiere decir que todos estamos jodidos, aunque fue el Nazareno quien dijo que "El reino de los cielos está entre nosotros". No sé por qué hay quienes pretenden cobrarte para entrar.

Oye, ya había molestado mucho a los budistas y su deprimente visión de la existencia como sufrimiento; le tocaba recibir pedradas a alguien más.


Pero suficiente con las referencias a las religiones. La cosa es que todas ellas dividen al cielo de la tierra; proponen que existe un estado de gracia, para después decirnos que nuestra existencia es un pecado. Los maestros solo dividen a los iluminados de los idiotas; si eres un imbécil te dicen que está bien porque ellos practican el amor que predican, y no juzgan a nadie; de todos modos te dejan una enseñanza moral (casi nunca  son ejercicios) por si algún día te dan ganas de ponerte las pilas. Pero pues cada quién. El sufrimiento sí es una condición básica de la existencia, le duela a quien le duela, porque hasta la felicidad cansa y tu sistema nervioso es un hijo de @&ta que de vez en cuando genera tristeza nada más para que pongas otra cara.

Así que ningún maestro te va a decir que intentes trascender el sufrimiento; excepto el Buda, pero era un chico sensible que pasó malos ratos. Ojalá lo sepas entender.

Bueno, la esfinge. "Aprende a Conocer. Aprende a Atreverte. Aprende la Voluntad. Aprende a Guardar Silencio". Ese es el acertijo del Guardián de la Puerta, la cerradura que se abre con la llave de la consciencia, la Gran Separación y el Abismo.

Es simple, ¿cierto? Solo tienes que dejar de ser un imbécil. 

La tradición iluminsta verdadera no entrega grandes secretos ni nada de eso. No tiene un conocimiento oculto ni los misterios del universo. Es una forma de enseñarle a las personas a ser buenas personas.


La religión, en cambio, es un sistema de amenazas bien justificadas para la gente que no puede ser amable porque sí.

Y el "misterio" es que nada te va a servir para trascender un ciclo, porque la iluminación no se trata de eso: tenemos que jodernos a vivir en este universo hasta el final y, si la reencarnación existe, incluso más allá. No tenemos otra elección. Pero, si no te apen@€&$, este bendito viaje puede ser muy divertido.

martes, 8 de marzo de 2016

Amar es el verdadero "Esfuerzo Correcto".

¿Qué juramento puede soportar
El choque de esta ofensa?
No existe el bien,  el mal,
Ni la alegría, ni permanencia.

Vamos a fingir por un momento que las líneas de arriba riman. No te pido que finjas que son buenas, porque de todos modos no las escribí yo: son de Aleister Crowley, en un épico (en le sentido de #BarneyStinson) poema que habla de la reencarnación, el ego, la tristeza de existir y la respuesta de todos estos pesares.

En palabras del autor, se trata de dedicarle tu vida al camino de la #Trascendencia, en un estilo más o menos budista; pero ya sabemos que nadie en su sano juicio quiere algo así.

El resto de la gente, que no somos insoportables y deprimentes la mayoría del tiempo (todo mundo tiene derecho a ponerse triste cuando lo dejan en visto), queremos un método para disfrutar la vida y, si acaso existe, el ciclo infinito de la reencarnación. Pero si algo es cierto, es que todas las cosas se vuelven pesadas y engorrosas si les dedicas suficiente tiempo.

Todo menos existir.

Por eso la teoría de Crowley gira alrededor de dos conceptos que hacen de cualquier existencia, de las piedras hasta las estrellas; cabe mencionar que para él, todos los hombres y #Mujeres somos estrellas, y lo dijo antes que esa imagen famosa del Facebook.


En otra publicación mencioné que sus dos conceptos son el Amor y la Voluntad.

La verdad es que hasta las ganas de vivir se gastan; cuando eso pasa, a uno no le queda nada más que su amor por lo que sea que ame, y la voluntad.

El amor es todo lo que nos gusta hacer, todo lo que nos apasiona, lo que nos llena y nos hace vibrar. Cuando lo vivimos, nuestro mundo se vuelve de fuego. Quema todas las preguntas estúpidas como: ¿cuál es el propósito de la existencia? O ¿por qué estamos aquí? Que solo parecen profundas hasta que te encuentras un par de ojitos que hacen que se te olvide cómo pensar.

O un par de nalgas, pero no podría yo decir algo tan vulgar en pleno #DiaDeLaMujer. Además, las chicas también comen pan.

El caso es que todos tenemos algo que hace que valga la pena este teatro de la existencia, que más bien parece carrusel porque la mayoría de nosotros solo estamos dando vueltas. Darnos cuenta de que solo estamos adivinando cómo disfrutar esta vida, en vez de buscar lo que nos hará felices, es el primer paso para encontrar lo que Crowley llamaba el Amor.

Todo lo que resta es usar ese sentimiento para aceptar que que sí, efectivamente, estamos hechos para algo. Nuestra historia y preferencias nos empujan en una dirección que no va nadie más.

Lo único que no podemos hacer en esta tierra es dejar de decidir. Vivir, morir, echarle ganas o dejarnos caer: todo es una decisión que tomamos aunque queramos fingir que no.


Así que decide algo que valga la pena, porque si la reencarnación existe, vas a tener que hacerlo por mucho tiempo. Pensar eso da miedo.

Pero, si la reencarnación no existe, entonces tienes muy poco tiempo para tomar tus decisiones; y eso es verdaderamente peor.

domingo, 6 de marzo de 2016

Cómo dar y recibir amor.

Uno de los libros más bonitos que he leído en toda mi vida es "Juan Salvador Gaviota". Espero que no estés comparando mis hábitos de lectura con los de un famoso presidente copetón, pero es que me encanta la metáfora tan obvia que hace #RichardBach entre las gaviotas y la gente, que solo viven sin darse la oportunidad de preguntarse qué los hace felices.

Eso, y una frase: cuando Juan Salvador Gaviota se despide de su discípulo, le recuerda que toda la pasión que ha tenido por volar (o cocinar, o el fútbol, o lo que sea que te mueva, porque la verdad es que no estamos hablando de gaviotas) no es lo que verdaderamente libera a la gente; es el amor.

Ahora, no quiero que me consideres un tipo cursi; no estoy hablando del amor que convierte los ojos de las personas en estrellas que alumbran el alma y ese tipo de cosas que dice la gente que acaba en la #FriendZone.

Cuando hablo del amor, estoy hablando de un concepto casi matemático introducido por Aleister Crowley como el eje central de su filosofía. Para explicarlo, tengo que hablar un poco de otro concepto: él pensaba que todos los seres humanos tenemos una predisposición personal, una función en la vida que no puede ser cumplida por nadie más, porque no existe otra persona que haya aprendido lo mismo, con las mismas habilidades y que haya crecido igual. Es decir, si te gustan la poesía y los automóviles, tal vez tu propósito en la vida es convertirte en el primer poeta de la NASCAR cup.


Ojalá que las cosas fueran tan fáciles, pero la verdad es que solo te está diciendo que no te quieras hacer el imbécil esforzándote todos los días por algo que ni se te da bien, ni te interesa. Es lo que hace la mayoría de la gente cuando se convierte en #Godinez; por eso escribo otro blog que te intenta convencer de todas las formas posibles de aceptarte como eres: porque, cuando lo haces, todo lo que resta es darte permiso para esforzarte por las cosas que ya sabes que quieres. Si de todas formas tienes que trabajar como burro todos los días sin salir de pobre, ¡por lo menos disfrútalo! Eso es lo que Crowley llama "Voluntad": hacer lo que te pide tu cerebro para dejar de odiar la perra vida.

Pues el "amor" significa darte cuenta de que no existen poetas en la NASCAR. Quiero decir, este mundo tiene un abanico de posibilidades limitadas. Tienes que escoger ese punto medio, o más bien esa unión, entre lo que quieres hacer y cómo puedes expresarlo.

Ese es todo el punto de esta publicación: para estar completos debemos encontrar lo que nos hace felices, y practicarlo todos los días.

Saber lo que te gusta es solo la mitad del proceso. Tienes que darte cuenta de que este mundo no está creado de buenas intenciones, sino de acciones. Y quiero decir, acciones constantes. Para lograr cualquier cosa que valga la pena necesitas esforzarte hasta hacerlo realidad.

Mira, no quiero decirte cómo vivir. Solo pretendo que entiendas que la vida es maravillosa, pero no es sorprendente. Es maravilloso que hayan tantas posibilidades, que podamos expresarnos de mil y una formas, que tengamos tanta libertad para forjar nuestro futuro, un día a la vez. Pero no es sorprendente que, si dejas las decisiones importantes al destino y solo enfocas tu atención en decidir el tipo de alcohol que te gusta tomar, vas a avanzar por esta vida como puedas.

Por eso el amor y la voluntad están ligados. La única libertad que tenemos es la de ser lo que debemos ser, pero no se lo debemos a nadie allá afuera; el deber es para nosotros mismos. La #Felicidad es la más grande de todas tus responsabilidades, y tienes que asumirla tarde o temprano.


Tenemos que entender que todas las cosas en este universo terminan, y ninguna vida es eterna. Por eso es imperativo buscar algo que haga que valga la pena vivirla.

Porque los seres humanos tenemos tiempo para todo: probar, experimentar, fallar y tener éxito en cosas que, después de todo, ni siquiera nos interesaban. Pero no tenemos tiempo para vivir como fantasmas, que solo se dejan llevar.

jueves, 3 de marzo de 2016

Para trascender, deja de hacerte pen&€@.

Quisiera decirte, y tú quisieras escuchar, que hay un secreto en las bóvedas de las sociedades herméticas que te muestra el camino a la iluminación, a la trascendencia, que te enseña la puerta de salida de esta prisión humana y te permite convertirte en luz.

Bueno, en primera, no m... Todo lo que enseñan en las sociedades secretas en una metáfora; nadie se va a convertir en luz de forma literal, a menos que la reencarnación exista y te hagas foco. 

Incluso entonces no seríamos luz: seríamos focos. Es diferente.

En segundo lugar, ¿qué pensarías si te dijera que la mayoría de esos secretos ya se publicaron hasta el cansancio? 

Aleister Crowley, fundador del esoterismo moderno (le duela a quien le duela) escribió lo que los hebreos llamaban, hasta su tiempo, "la kabbalah no escrita". Ahora solo le llaman "la kabbalah".

Carlos Castaneda se pasó la vida hablando de las técnicas y, como buen antropólogo, de la experiencia de los brujos mexicanos. Él no se andaba con chinga&€@; ni siquiera se molestaba en esconder las cosas, te lo decía tal cual. Por supuesto, no te decía todo, porque era esa clase de troll.

Israel Regardie mandó toda la decencia por un tubo cuando publicó su famoso libro: el Sistema Completo de la Magia del Golden Dawn. Te daré un chocolate si adivinas de qué se trataba; si necesitas una pista, tiene que ver con la sociedad post-masónica, que es como el posmodernismo de los brujos, llamada "Golden Dawn". Y sus sistema completo de magia. Oye, yo te lo dije: en esta época no quedan misterios. Ni chocolates, así que lo siento por los que adivinaron bien.

Pero, con todo esto, me parece que la línea más importante en toda la literatura iluminista que se ha empeñado en destapar todo lo que alguna vez era considerado pasaporte a la hoguera, viene de un texto que hace referencia a la Alquimia, cuya meta es llamada la Gran Obra por la gente que la practica, y piensa que el resto de las obras son menos grandes: "¡Primero aprende lo que significa trabajar! La Gran Obra está un paso más allá".


No sé por qué a cualquiera que piensa en la espiritualidad se le mete en la cabeza que el camino es fácil; parecen creer que solo tienes que sentarte por ahí, pensando en la vida, y si eres "digno" una inspiración divina te va a llegar del cielo como caca de pájaro, y entonces estarás iluminado. O con la cabeza llena de... Bueno, pues las cosas no funcionan así.

La gente que se ha dedicado a seguir el camino del espíritu, sin importar el nombre que le pongan a ese proceso insoportable de confrontarse a uno mismo para convertir su debilidad en fortaleza, es la más decidida, obsesiva e inflexible de todo el universo. Imáginate qué tipo de persona necesitas ser para seguir un camino donde te dicen que "solo la gracia divina, después de muchas vidas y si el candidato es digno, puede revelarle al aspirante el secreto para sintetizar la piedra filosofal", como dijo, si no me falla la memoria, Paracelso hablando de la Alquimia; o que la verdadera iluminación no se puede buscar, alcanzar, ni entender, sino que llega como el sol: cuando es hora de que amanezca. Eso lo dijo Anthony de Mello, hablando del Zen.

Pues si eso es verdad, será mejor que el sol te agarre despierto; si no, estás jodido por otras mil reencarnaciones.

Ya no suena tan divertido seguir ese camino, ¿cierto? Por eso las tradiciones antiguas le ponían tantas trabas a su conocimiento: porque solo las personas que están decididas a dedicarle su vida entera pueden alcanzar los frutos, que para agregarle sazón al asunto no se parecen en nada a lo que pensamos; el sufrimiento nunca se trasciende. Solo se acepta, y se deja uno de quejar; pero el Buda no era ningún imbécil. Sabía lo que decía cuando hablaba de la existencia.

Por esa razón hay tantas sectas budistas que han jurado, a quien sea que le juren esos tipos, que rechazarán el palacio eterno del #Nirvana siempre que exista incluso un solo ser que no haya alcanzado sus puertas. No sé si tú personalmente creas en la reencarnación, pero sea como sea, se necesita tener un par de ideas bien puestas para tomar un juramento así.

Y una compasión inhumana. ¿Te imaginas amar a la gente tanto? Yo ni siquiera puedo pensar en tener ese amor por mi perro. Entraría al Nirvana, y luego pediría hablar con el gerente a ver si hay algo que se pueda hacer para que lo dejen pasar. Pero ¿cuántos aquí podrían renunciar al cielo por amor a la humanidad?


La buena noticia es que nadie necesita hacerlo. La mala es que sí existe un atajo para la Iluminación, la Gran Obra, la Piedra Filosofal, y es precisamente inundar tu corazón con ese tipo de amor.

Al resto de la gente nos toca trabajar como hijos de @€ta, porque la iluminación no existe: pero si incendias tu corazón con un #Amor implacable te deja de importar.

martes, 1 de marzo de 2016

La rueda del Karma es un espiral.

Los practicantes del budismo #Zen dicen que "la puerta no es una puerta". Quiero tomarme un momento para aclarar que no hablan del portal que se usa para entrar a tu casa; tampoco intentan comparar dicha entrada con el sombrero en #ElPrincipito, ese que no parece elefante ni serpiente porque los adultos somos muy aburridos o, en la metáfora del Zen, estamos ebrios de realidad.

Me parece que es muy importante aclararlo, en especial cuando tomamos en cuenta que mi blog está dirigido a los adultos llenos de sentido común; si te gustó el famoso libro, ya sabrás que los adultos no entienden muchas cosas.

Por ejemplo, la metáfora Kabbalista que dice: la puerta es un cerrojo. Su significado es obvio, ¿cierto? Quiere decir que la consciencia es una membrana que nos separa de la realidad al permitirnos observarla, y cuando se dirige hacia sí misma lo que observamos es la fuente de toda percepción, abriendo las par de Aldous Huxley de par en par. 

Bueno, ese es todo el bendito secreto "esotérico" de las tradiciones iluministas, desde el hinduismo hasta la psicología: utilizar la consciencia para observarse a sí misma y ponerle nombre a todo lo que encontramos. De veras que los adultos estamos terminantemente enfermos de aburrimiento, porque no se nos ocurre otra cosa que hacer con la realidad que ponerle nombre.

Si tuviéramos un poquito de sentido, haríamos como hicieron los Maestros y nos dedicaríamos a vivir en armonía con el universo, llamando a todos los seres nuestros hermanos; san Francisco de Asis le cantaba al sol, y Moisés el Hebreo se fumaba arbustos... O hablaba con ellos... No tengo la historia perfectamente clara, pero de que le gustaban las plantas, le gustaban.

En cambio nosotros los seres humanos nos comemos plantas y animales y a penas hablamos con ellos. Seguro te da un poco de risa entretener por un segundo mis argumentos sin sentido que prueban que la realidad de todos los días es útil, pero aburrida. Todos sabemos esto de forma intuitiva. Pero si te pidiera por un segundo que te tomaras en serio mi "túnel de realidad" en donde la gente habla con el sol y espera que le conteste, harías bien en llamarle a los médicos de la cabeza para que me llenen de drogas y dejen encerrado por ahí.

Bueno, la mitad de esa propuesta no suena nada mal. Espera, mejor no le hables a nadie; no creo que tengan WiFi en el asilo mental.

Déjame retroceder un par de pasos al terreno de la cordura para explorar ese pequeño punto interesante que mencioné como de pasada: todos intuimos de cierta manera que la "realidad" común está llena de fallos. Es natural que nos sintamos así, porque todo mundo sabe que la pobreza, la guerra, la violencia y (gracias a #DiCaprio) el calentamiento global son amenazas claras y presentes. Nuestro preciado realismo, junto con el sagrado sentido común, es lo que nos puso en esta situación en primer lugar.


Pero, ¿sabes? Da igual porque ya nos dimos cuenta, y una vez que lo sabemos se nos abre la posibilidad de hacer algo al respecto.

Esa es la maravilla y el terror de este universo: que todo sigue igual hasta que nos observamos, y una vez que lo hacemos todo cambia, aunque siga igual. Tranquilo, te dije que no llamaras a nadie para encerrarme; déjame explicar.

La naturaleza tiene ciertos ritmos que se vuelven eternos siempre y cuando funcionen. Por eso el gran tiburón blanco ha reinado los océanos por más de 400 millones de años, mientras que el resto del planeta está sumido en ese molesto proceso de evolución que eventualmente desembocó en la humanidad y su grandísimo cerebro que le sirve para todo, menos para pensar cómo ser una especie decente.

Sin embargo, una vez que nos dimos cuenta de lo que estaba pasando, los seres humanos decidimos que sería lindo convertirnos en la especie más poderosa del planeta y "reinar la naturaleza". En realidad no reinamos nada, porque no importa cuánto le roguemos al planeta, no va a sostener nuestra precaria existencia si no cambiamos de raíz.

Me gusta hacer drama. Quiero decir, ¿recuerdas cuando dije que la naturaleza tiene ritmos? Pues tarde o temprano el mundo cambia tanto que la Vida se desespera y avienta la mesa, dice "al diablo con todo" y empieza a diseñar desde el principio.

Es algo natural; tenía que pasar tarde o temprano. La gran diferencia es que, esta vez, los seres humanos somos los responsables de este cambio en el planeta y, por primera vez, tenemos la oportunidad de pararlo.

Y el karma no significa otra cosa. Todos somos responsables de nuestros actos, y tenemos que enfrentar las consecuencias. El universo nos hunde en un río desbordante de causa y efecto, llevando nuestras vidas a donde nos dejamos.

Pero si paramos un segundo para observar qué carajos estamos haciendo, nos volvemos capaces de cambiarlo todo porque no existe ninguna ley en este universo que diga que, si fui un imbécil el día de ayer, tengo que volver a serlo mañana.


La consciencia lo cambia todo, pero la verdad es que el universo sigue igual, porque las estrellas no van a dejar de brillar solo por un par de miles de años de guerra en el planeta tierra.

Pero no es una rueda, es un espiral, porque ¿sabes? Todos podríamos brillar tanto si lo decidiéramos. Solo tienes que ser una persona más decente que ayer.