Pero recientemente me hicieron el comentario, debo admitir que no por primera vez, de que si digo que voy a hablar sobre un tema, debería enfocarme en el maldito tema y dejarme de artimañas.
Me gustan las artimañas. No sé qué hacer al respecto.
Podría argumentar que mi estilo de escritura se asemeja a la escuela #Zen del Maestro #AlanWatts, pero sería contraproducente porque ese señor dice lo primero que se le viene a la mente. Creo que, después de todo, sí nos parecemos.
Pero, ya empeñado en defender mi precaria postura, tal vez me convendría escudarme tras la escuela del buen Alesiter Crowley y su noble ascendencia de místicos que, luchando por transmitir un concepto que a menudo va más allá del lenguaje, despotrican incesantemente esperando que un tipo de mensaje o significado acabe por emerger. No, a quién engaño: no soy tan profundo, ni pretendo presentarme como un guardián de la Verdad, así con mayúscula, porque es más divertido burlarse de esa gente que intentar pertenecer a su club.
Antes que nada, quiero mencionar que la queja más reciente contra mi estilo de escritura fue dirigida a la publicación: "El gato de Alicia y el Gato de Shcrödinger", en la que no hablo del gato de Alicia en el país de las maravillas, y pareciera que si acaso menciono al gato de Schrödinger fue más bien por accidente.
Pues no me puedo defender poniéndome la máscara de gurú, ni quiero acusarme de tener un mensaje muy profundo. Más bien, prefiero tomar el camino más prosaico de explicar el porqué de la entrada.
En primer lugar, en esa publicación hablo de la costumbre de las escuelas iluministas de rechazar la lógica simple, similar al experimento de pensamiento propuesto por el buen Erwin Schrödinger para intentar darle sentido a la terrible costumbre de las ecuaciones de física cuántica de arrojar dos o más resultados, mientras que nosotros los seres humanos solo podemos experimentar una realidad.
Esta cualidad etérea de la existencia, al menos etérea hasta que la observamos, es una metáfora perfecta para el gato de Alicia, que desaparece en un instante dejando atrás su sonrisa porque, en el país de las maravillas, una sonrisa no necesita del gato que llevaba puesto para existir.
Todo esto lo utilizo como fondo para proponer, porque ciertamente no demuestro, que la realidad va mucho más allá de lo que podemos explicar. Algo así como esta publicación, que en realidad trata sobre la 11va carta del Tarot: La Fuerza.
No sé si te has dado cuenta, pero cada semana explico una nueva carta con algunas publicaciones, y luego remato con un ejercicio para utilizar la imagen. A partir de la próxima semana lo haré más evidente, así que puedes revisar los títulos para saber de qué carta trata cada título.
Quiero advertirte desde ahora que no intento explicar nada, porque para eso hay fenomenales libros del Tarot. Sólo pretendo dar a entender que la vida es el proceso más complicado del universo, y esa genial compilación de imágenes es una forma de entenderla.
Pero no sirve de nada si no puedes relacionarlo de forma inmediata con tu vida. Por eso trato temas como la consciencia, la alegría, el amor, y otras cosas que no aparecen dentro de la baraja.
Porque si quisiera darte el significado de la carta, diría algo como: "La Fuerza representa la capacidad del ser humano para adaptarse al mundo, y hace referencia al pasaje de la biblia que nos identifica como gobernantes de todo el mundo natural a través de la esencia divina, o la inteligencia".
Oye, eso fue más fácil de lo que pensaba. No tenía que robarle la idea a Lewis Carroll para defender el libro más raro que jamás escribió, y convertirlo en mi entrada de hoy. Pero creo que decir las cosas así es más divertido.
11
La Fuerza
Imagen: una mujer domando un animal feroz a través de su voluntad, pues no se muestra ningún esfuerzo o instrumento que utilice para dominarlo. Representa la supremacía del ser humano ante todos los obstáculos, y su potencial para crecer.
Atribución alquimista: Leo (por eso el título habla de gatos. Son adorables).
La Meditación:
1.- Define lo que para ti significa la fuerza.
Si piensas que es una capacidad física, es lo más fácil de conseguir. Pero te recomiendo que vayas un poquito más allá.
2.- Piensa si tú mismo eres fuerte, de acuerdo con tu definición.
Muchas veces, pensamos en la fuerza verdadera como algo que nos falta y admiramos.
3.- Medita si acaso es posible obtener esa fuerza, si es que te falta en tu vida.
De nada sirve tu definición si no te permite ser, o convertirte, en una persona fuerte, porque generalmente pensamos que eso es lo que necesitamos para vivir bien.
4.- Cambia tus creencias acerca de la fuerza, acerca del mundo, o acerca de ti mismo, hasta que te consideres capaz de mejorar.
Todo pensamiento es una ilusión. Será mejor que empieces a pensar cosas útiles, porque jamás vas a llegar a la verdad. Y eso es lo genial del asunto. Si te haces consciente de tus ideas, puedes empezar a cambiarlas.
Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.

















