Me parece que es muy importante aclararlo, en especial cuando tomamos en cuenta que mi blog está dirigido a los adultos llenos de sentido común; si te gustó el famoso libro, ya sabrás que los adultos no entienden muchas cosas.
Por ejemplo, la metáfora Kabbalista que dice: la puerta es un cerrojo. Su significado es obvio, ¿cierto? Quiere decir que la consciencia es una membrana que nos separa de la realidad al permitirnos observarla, y cuando se dirige hacia sí misma lo que observamos es la fuente de toda percepción, abriendo las par de Aldous Huxley de par en par.
Bueno, ese es todo el bendito secreto "esotérico" de las tradiciones iluministas, desde el hinduismo hasta la psicología: utilizar la consciencia para observarse a sí misma y ponerle nombre a todo lo que encontramos. De veras que los adultos estamos terminantemente enfermos de aburrimiento, porque no se nos ocurre otra cosa que hacer con la realidad que ponerle nombre.
Si tuviéramos un poquito de sentido, haríamos como hicieron los Maestros y nos dedicaríamos a vivir en armonía con el universo, llamando a todos los seres nuestros hermanos; san Francisco de Asis le cantaba al sol, y Moisés el Hebreo se fumaba arbustos... O hablaba con ellos... No tengo la historia perfectamente clara, pero de que le gustaban las plantas, le gustaban.
En cambio nosotros los seres humanos nos comemos plantas y animales y a penas hablamos con ellos. Seguro te da un poco de risa entretener por un segundo mis argumentos sin sentido que prueban que la realidad de todos los días es útil, pero aburrida. Todos sabemos esto de forma intuitiva. Pero si te pidiera por un segundo que te tomaras en serio mi "túnel de realidad" en donde la gente habla con el sol y espera que le conteste, harías bien en llamarle a los médicos de la cabeza para que me llenen de drogas y dejen encerrado por ahí.
Bueno, la mitad de esa propuesta no suena nada mal. Espera, mejor no le hables a nadie; no creo que tengan WiFi en el asilo mental.
Déjame retroceder un par de pasos al terreno de la cordura para explorar ese pequeño punto interesante que mencioné como de pasada: todos intuimos de cierta manera que la "realidad" común está llena de fallos. Es natural que nos sintamos así, porque todo mundo sabe que la pobreza, la guerra, la violencia y (gracias a #DiCaprio) el calentamiento global son amenazas claras y presentes. Nuestro preciado realismo, junto con el sagrado sentido común, es lo que nos puso en esta situación en primer lugar.
Pero, ¿sabes? Da igual porque ya nos dimos cuenta, y una vez que lo sabemos se nos abre la posibilidad de hacer algo al respecto.
Esa es la maravilla y el terror de este universo: que todo sigue igual hasta que nos observamos, y una vez que lo hacemos todo cambia, aunque siga igual. Tranquilo, te dije que no llamaras a nadie para encerrarme; déjame explicar.
La naturaleza tiene ciertos ritmos que se vuelven eternos siempre y cuando funcionen. Por eso el gran tiburón blanco ha reinado los océanos por más de 400 millones de años, mientras que el resto del planeta está sumido en ese molesto proceso de evolución que eventualmente desembocó en la humanidad y su grandísimo cerebro que le sirve para todo, menos para pensar cómo ser una especie decente.
Sin embargo, una vez que nos dimos cuenta de lo que estaba pasando, los seres humanos decidimos que sería lindo convertirnos en la especie más poderosa del planeta y "reinar la naturaleza". En realidad no reinamos nada, porque no importa cuánto le roguemos al planeta, no va a sostener nuestra precaria existencia si no cambiamos de raíz.
Me gusta hacer drama. Quiero decir, ¿recuerdas cuando dije que la naturaleza tiene ritmos? Pues tarde o temprano el mundo cambia tanto que la Vida se desespera y avienta la mesa, dice "al diablo con todo" y empieza a diseñar desde el principio.
Es algo natural; tenía que pasar tarde o temprano. La gran diferencia es que, esta vez, los seres humanos somos los responsables de este cambio en el planeta y, por primera vez, tenemos la oportunidad de pararlo.
Y el karma no significa otra cosa. Todos somos responsables de nuestros actos, y tenemos que enfrentar las consecuencias. El universo nos hunde en un río desbordante de causa y efecto, llevando nuestras vidas a donde nos dejamos.
Pero si paramos un segundo para observar qué carajos estamos haciendo, nos volvemos capaces de cambiarlo todo porque no existe ninguna ley en este universo que diga que, si fui un imbécil el día de ayer, tengo que volver a serlo mañana.
La consciencia lo cambia todo, pero la verdad es que el universo sigue igual, porque las estrellas no van a dejar de brillar solo por un par de miles de años de guerra en el planeta tierra.
Pero no es una rueda, es un espiral, porque ¿sabes? Todos podríamos brillar tanto si lo decidiéramos. Solo tienes que ser una persona más decente que ayer.


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