jueves, 26 de mayo de 2016

15. Alquimia, budismo, vida eterna.

En este universo existen miles de millones de eventos que no podemos percibir, porque somos seres humanos finitos y con limitaciones. Sin embargo, nos gusta pensar que entendemos a la Realidad, así con mayúscula.

Esta creencia es muy inconsciente porque rara vez pensamos acerca de nuestra experiencia, a menos que sea para juzgar si es digna de capturar en un selfie. Sin embargo, tenemos creencias que determinan nuestra realidad. Tristemente, una de esas creencias es pensar que somos inmortales.

Pero, como todas las cosas que pasan dentro de nuestra cabeza, esto no es universal. De hecho, esta tendencia de pensar que vamos a vivir para siempre es uno de los principales síntomas de esa condición extraña pero contagiosa que llamamos "civilización". A ninguna persona civilizada en este mundo le gusta pensar en la muerte, y nuestra sociedad está dispuesta de forma que podamos esconderla.

A menos que te guste Game of Thrones, pero incluso a G. R. R. Martin le dio miedo matar a Jon Snow. 

Sin embargo, el año 2016 ha tenido la mala costumbre de recordarnos una y otra vez que la muerte llega para todos llevándose a los mejores artistas de Rock and Roll. Seguro que no se ha llevado al Komander porque quiere recordarnos que hay cosas peores que morir. Por ejemplo, estar en uno de sus conciertos. 

Bueno, entre tanta vida y muerte, y la música que acompaña a las dos, los seres humanos queremos buscar algo permanente. Algo duradero. Algo eterno. No es tan fácil porque ningún ser humano, desde el principio de la historia, ha logrado vivir para siempre; si hay alguien que lo haya logrado, tuvo la sensatez de no contárselo a nadie para evitar convertirse en el conejillo de indias más viejo del mundo.

Los dos caminos que ha tomado el ser humano para encontrarse con la eternidad son: llenarse de cosas y logros que nos den valor ante nuestros semejantes, pensando que así viviremos para siempre en su memoria. Por supuesto, los seres humanos somos tan ingratos que nos olvidamos hasta del tipo que inventó el papel de baño, así que no pongas tus esperanzas en eso.


El segundo camino que nos inventamos para ser inmortales, o por lo menos convencernos de que lo somos, es la religión; pero no me voy a meter con eso porque sería tan fácil como cazar ratones en la cámara de diputados, donde la mayoría están tan gordos que ni siquiera podrían correr. Bueno, tú sabes a lo que me refiero.

Pero en las sociedades más "primitivas", como por ejemplo en todas las culturas que han desarrollado un camino para entrar al paraíso en vida, se acepta la muerte como un evento inevitable en la vida de todos los seres. Un día, dice la física, el universo mismo va a morir, y con el hasta la parca va a perder la vida por no tener a nadie más a quien llevarse.

Qué pensamiento tan deprimente. 

Tal vez por eso, para no deprimirse sin tener que negar el final que todos compartimos,  aceptaron en su filosofía que todo el universo está en constante movimiento. Los alquimistas chinos (los taoístas, para los compadres) hicieron pequeño libro que describe al universo como un lugar cambiante. Se llama I Ching, y la mayoría de los occidentales que lo conocen piensan que es una herramienta de adivinación.

Los budistas, en cambio, te tratan de ayudar a relajarte diciéndote que al morir tu esencia va a regresar a la tierra y vas a volver a vivir. Esto suena bien, pero entonces tienes que volver a aguantar una infancia donde te tienes que dormir temprano, una adolescencia en la que te dejan en "visto", y una edad adulta en la que tienes que trabajar; por eso te recomiendan meditar, para perder todos tus apegos terrenales y trascender este plano material.

Me parece que le dieron en el clavo, porque esa filosofía te pide que seas feliz y busques la paz en esta vida; además, te asegura que lo peor que puede pasar es que te den otra oportunidad para intentarlo.

En mi opinión, esa es la respuesta más práctica para la mayor encrucijada del ser humano. No sabemos qué pasa después de la muerte, y cuando lo averiguamos ya no podemos contarle a nadie, así que da igual.


Pero la vida es muy importante; tenemos que vivir bien, disfrutar lo que hacemos, porque lo único que tenemos es la capacidad para decidir nuestra próxima acción.

Solo así podemos expresar nuestra esencia. Aceptando que somos acciones, un proceso que no es eterno pero que se renueva con cada nueva decisión. Así podemos decidir amar, porque es lo único que durará para siempre.

domingo, 22 de mayo de 2016

15. William Blake y la medicina infernal.

Si la señorita Rowling hubiera escrito #HarryPotter como entretenimiento menos infantil, este seguramente hubiera sido uno de los títulos de sus libros. Nos hace pensar en pócimas y conjuros, en la magia más negra y un legendario hechicero. Pero ella no escribió la historia de William Blake; más bien era un poeta de esos que se estudian en clase de literatura inglesa.

Bueno, antes que nada, me gustaría decir que hay algunos cuantos personajes famosos en la literatura y las artes que a la cultura popular le gusta fingir que no fueron brujos. Por ejemplo, Mozart era un masón que ocultaba algunas enseñanzas de la orden entre sus obras; Lewis Carroll, autor de Alicia en el país de las maravillas, hace oscuras pero constantes referencias a la Kabbalah, el estudio místico-matemático del Universo; y luego esta el hijo de &@ta William Blake.

Mira, no es que yo personalmente me ofenda porque el muy chacal puso al alcance de todo mundo los secretos de los alquimistas. La gente lo hace todo el tiempo, pero por lo menos tienen la decencia de esconder lo que saben un poquito. Blake, con ese nivel de descaro reservado para los místicos que se ríen de la inquisición desde la seguridad de un país protestante, declaró que la división entre el cuerpo y el alma es ficticio y producto de una mala interpretación de la Palabra. Seguro que a algunos sacerdotes les dio el patatús cuando escucharon eso.

Blake pensaba que la divinidad y el deseo, la razón y la energía sin forma eran una sola cosa; como polos opuestos pero con la misma esencia. La oposición entre estos dos, que se parece más a un juego que a nuestra famosa guerra santa, le da color al universo y es la fuente de toda creatividad.

Esta idea de que los opuestos son uno y la misma cosa no es nueva; todas las tradiciones orientales tienen una variante de este principio, como el Yin y el Yang de los chinos o el Yoni y Lingam de los hindúes. 


Pero esa no fue la verdadera bomba que William Blake dejó caer al pensamiento victoriano. Él propuso, varios siglos antes que los hippies amantes del LSD, que todo grano de arena es un universo infinito escondido por las "puertas de la percepción", en las famosas palabras del propio autor.

Esto es genial porque quiere decir que los seres humanos no estamos jodidos, como propone la doctrina del pecado original. Más bien somos un poco torpes porque nos gusta jugar a tener límites. 

Y este es todo el punto de la "medicina infernal" que William Blake pensaba era un corrosivo, porque no necesitamos algo que edifique más paredes sino aprender a derrumbarlas. 

En la próxima publicación aprenderemos la forma de hacer esto, pero primero hay que entender por qué digo que Blake era el alquimista de los infiernos.

Para él, la Gran Obra era sintetizar la propia esencia; no necesita existir algo más, no debemos buscar una transformación, sino liberarnos, porque los seres humanos tenemos un potencial endemoniado. A falta de mejores palabras: infinito.


Si comprendemos esto dejamos de buscar afuera. Eso es malo para todos los que te quieran vender la salvación. Pero es peor para los que están enamorados de las selfies.

Verás, para William Blake no existe nada en el ser humano que valga la pena salvar. No existen justos y los santos están condenados. Lo único que tenemos es la oportunidad de quemarnos, y de las cenizas crear algo más.

martes, 17 de mayo de 2016

14. La alquimia es amor; la iluminación es amor propio.

A los seres humanos nos gusta engañarnos. Por ejemplo, pensamos que la persona que nos gusta pero nos maltrata puede cambiar, que existe un partido menos corrupto que el otro, que la gente nos quiere por lo que somos y no por cómo la hacemos sentir... Espera, esta publicación empezó demasiado deprimente.

El caso es que mintiéndonos a nosotros mismos somos más felices. Es por eso que la humanidad, como un todo y sin excepciones, se miente a sí misma hasta creer que está separada del resto del universo. Cuando hablamos del "yo", de la "individualidad", de la "identidad", estamos identificando una cosa que está perfectamente dividida de todo lo demás. De forma irreconciliable. Al menos eso quisiéramos pensar porque nos hace más felices.

¿Te imaginas sentirte parte de la humanidad, no como un individuo que pertenece al grupo, sino como una célula que conforma un superorganismo? Puede parecer genial porque tus orgasmos estarían multiplicados por 7 mil millones, pero también te verías obligado a sentir toda la tristeza y el dolor de tus hermanos.

Por eso digo que nadie quiere la iluminación.

Quiero decir, puedes pensar que el #Buda es el ser más feliz de todo el universo porque el budismo habla de trascender el sufrimiento, pero ya he dicho en muchas ocasiones que esa interpretación es un fraude tan grande que te la venden en el Oxxo con los @€&#$ tamales instantáneos "La Costeña". Fuchi.

El budista de a de veras jura que rechazará la iluminación, la entrada en el Nirvana y la paz verdadera, hasta que todos los seres conscientes en el universo alcancen el Despertar. Sí, también las plantas.

Eso significa que los Budas que han alcanzado la consciencia universal son monjes tipo Rambo que están dispuestos a soportar el sufrimiento de todo el universo, si tan solo con eso se ganaran el privilegio de aliviarlo por un segundo; aunque sea para un ser hermoso y brillante que tuvo la mala fortuna de nacer en el Samsara.

Yo no sé si podría rechazar el Nirvana. A veces ni siquiera puedo rechazar un #Chocolate a media dieta.


Pero el otro lado de la existencia tampoco es genial. #ErichFromm dice que la "separatidad", el sentimiento de estar solos y aislados, es una de las enfermedades más grandes de nuestra sociedad. La única cura, según nos dice el autor, es rendirnos ante nuestra necesidad e instinto de amar.

No es tan fácil como parece.

El #Amor es una de las cosas más difíciles de sentir, y mucho más aún de poder expresar. Necesitamos tener una identidad fuerte que nos permita ser individuos, que nos separe del resto, pero eso es solo la mitad del proceso.

La #Alquimia nos enseña que el verdadero camino es volver a disolvernos en la belleza de otro ser. "Separa, y vuelve a unir" es uno de los aforismos más importantes en el arte magno. Si nos dividimos, si nos hacemos individuos, es únicamente para ganar el privilegio de experimentar la unión plena, de disolvernos hasta la médula.

Por supuesto que eso da miedo. ¿Quién no le tendría miedo a algo así? Es una cosa terrible.

Es terrible y necesaria. Sentir que estamos separados nos está matando. No solo decimos tonterías como "soy único y diferente", que nos hacen víctima de un troleo bien justificado por Facebook; pensar que somos seres aislados nos hace creer que nuestras acciones solo nos afectan a nosotros o, peor aún, nos impide tomar la responsabilidad de nuestros actos escudándonos en el grupo.

No podemos remediar esto con campañas sociales; mientras "la sociedad" siga siendo un colectivo sin cara ni forma, mientras no podamos entender que se trata de individuos íntimamente conectados entre sí, no tenemos la posibilidad de hacer acciones conjuntas que puedan transformar nuestro futuro.


Ese es el verdadero secreto de la unión de los opuestos: unir la llama individual de cada quien con el mar de estrellas que llamamos experiencia. 

Se trata de amarnos a nosotros mismos, hasta ganarnos el derecho de amar a los demás. Una vez que logramos eso, solo tenemos que practicar el amor hasta extenderlo a todo el universo. Si... "Solo" eso.


14

La Templanza.

Imagen: una mujer sosteniendo dos jarras a niveles desiguales, intercambiando agua entre ellas. El flujo no obedece a la gravedad. Ella representa la unión de lo femenino y masculino; también, sin embargo, de lo terreno y la divinidad.

Atribución alquimista: Sagitario

La Meditación:

1.- Piensa con qué te identificas.
Una profesión, una afición, una posición social.
2.- Observa tu respiración.
3.- Cambia el ritmo de tu respiración. Hazla más profunda o más superficial.
Ahora que ha cambiado tu respiración, ¿sigues siendo tú?
¿Si cambiara tu profesión, aficiones o posición social, seguirías siendo tú?
4.- Observa tu respiración, sin controlarla.

Siempre digo que observar la respiración es la meditación más importante, pero no sirve de nada. La única utilidad del ejercicio es hacerte consciente del observador o, en términos más prácticos, de tu capacidad de observar.

Esa es la esencia.

Es lo que las escuelas de misticismo pretenden ayudarte a encontrar.

Identificarte con esa capacidad de observar, y no con los accidentes que entran en su campo perceptual, es la meta verdadera de la Alquimia.

Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.

martes, 10 de mayo de 2016

14. La alquimia te enseña a aceptar el amor.

El mundo es un lugar hermoso. Tiene gatos y chicas guapas, perros y chicos con abdomen de hierro. Lo malo es que a los feos nos toca querer a los perros y gatos, mientras que las chicas guapas se divierten con los chicos de abdomen sensual. Por eso es importante tener algo más en la vida, como un corazón de oro. Para que puedas ser el "sí, está horroroso, pero al menos tiene buenos sentimientos" de algún alma desprevenida que se vaya a enamorar de ti.

La alquimia es un manual para tener buenos sentimientos. Eso me hace pensar, aunque sería muy atrevido asegurarlo, que el Arte Magno fue creado por los feos. 

Por eso es la cosa más genial del universo. Tiene que serlo, para mantener feliz a esa gente que nadie la quiere, de las que abundan en la viña del señor.

En un esfuerzo por mantenernos a todos felices, los antiguos alquimistas crearon un método para volvernos seres completos, radiantes, y más que nada suficientes. Es decir, la #Alquimia es la creencia irracional de que los seres humanos no necesitamos acomodarnos a un molde para merecer amor.

Principalmente porque predica el amor a uno mismo. 

Quiero decir, si dependiéramos del exterior, entonces estaríamos íntegramente jodidos. Pero nadie puede ser feliz buscando más allá de sí mismo. Afortunadamente, la Alquimia también es un arte que te enseña cómo regresarle el voto de confianza al único juez que vale para tu vida: tú mismo.

Lo malo es que tantas metáforas nos han hecho pensar que tenemos que utilizar la meditación y entender no sé cuántos símbolos para aprovechar el conocimiento de los alquimistas.

Pues no.


El único aforismo que vale es: "omni qua sunt, lumina sunt". Para los que no hablan brujo medieval, o sea latín, esto significa: "todo lo que es, es luz". Esto quiere decir que no importa lo que hagas para convertirte en un ser radiante y digno de amor, nada sirve porque ya eres luminoso. 

Es como si entrenaras toda tu vida para correr los 400 metros planos, y el día de las #Olimpiadas empiezas en la línea de meta. Eso, por supuesto, haría enojar a toda la gente que sigue practicando porque pensó que tendría que correr.

Pero no hay que correr a ningún lado. Hay que aceptarnos como somos, con defectos y todo, porque solo así podemos darnos cuenta de que no hay nada que buscar, nada que pedirle a un universo que está hecho de luz.

Bueno, nadie va a aceptar eso.

Por eso nacieron las sociedades de Iniciados; porque el universo no es tan lindo como quisiéramos, y a nadie le gusta la idea de ser conformista.

Mis publicaciones tienen dos propósitos. El primero es rescatar el mensaje más antiguo de todos: que dios es amor, y todos somos hijos de este amor universal también sean unos hijos de @&ta. Una vez que amas todo lo que existe, dejas de sufrir. Ese es el verdadero secreto de la iluminación, pero no lo vas a alcanzar ni con dinero ni meditando.

Lo siento.

El segundo propósito en enseñarte algunos ejercicios y corrientes que han hablado acerca de la meditación, pero sobre todo demostrarte que hay alternativas mejores que el sufrimiento. 

No pretendo hacerme pasar por un gurú, porque no me gustan. Pero si lo que quieres es tomar el control de tus emociones, retomar el derecho a decidir qué quieres opinar acerca de tu vida, entonces tienes miles de opciones.

Algunas de ellas hasta funcionan.


Por eso siempre hablo de la alquimia. Porque hoy en día ya nadie, sin importar quién sea, va a creer que la metáfora de convertir el plomo en oro y todo ese discurso es literal.

Es la forma más fácil de hacerte pensar que puedes controlar tu vida, si te tomas el tiempo para aprender cómo.


La próxima publicación desmitificaré uno de los símbolos más importantes de la alquimia: la unión de los opuestos en una sola sustancia. Por supuesto que no hablo de mezclar un Jaggermeister y #RedBull. Date una vuelta este sábado para conocer el significado de la metáfora, con un ejercicio y una explicación marca #AlquimiaCognitiva.

jueves, 5 de mayo de 2016

14. La alquimia es hacer el amor.

Una de las cosas más tristes en este universo, sin lugar a dudas, es la separación.

Nos duele cuando nos separamos de una persona, porque se va y nosotros nos quedamos. Nos duele estar separados de la gente que amamos, aunque la comunicación instantánea hace que todo eso sea más soportable. Nos duele estar separados de nuestras metas y sueños, porque la verdad es que a los seres humanos nos encanta quejarnos.

La separación es tan hija de &@ta, que el psicoanalista #ErichFromm le dedicó todo un libro llamado "#ElArteDeAmar". En este pequeño, pero interesante documento, Fromm propone que la gente está triste, tiene conflictos y todo eso porque nos sentimos solos.

Piénsalo por un segundo. Si tú pensaras que las acciones que tomas en contra de los demás, también te afectan a ti mismo, no serías un patán. Serías una persona amable, porque si hay algo que a la gente nos revienta más que estar solos, es sufrir por las ching&@€$ de alguien más.

Tal vez por eso, al final del día, preferimos sentirnos separados antes que tener que aguantar tanto drama.


Al menos eso quisiéramos creer. Yo pienso, igual que el buen Erich Fromm, que preferimos sentirnos separados porque nunca, nunca hemos sentido la dicha verdadera de disolvernos en otra persona. Eso es lo que llaman #Amor.

Y esa es, por supuesto, la meta final de la alquimia. Uno de los principios más conocidos del Arte Magno, si acaso se le puede llamar "conocido" al cuerpo de conocimientos que le dio su significado a la palabra "hermético", es: "separa, y vuelve a unir". La parte de separarnos es sumamente fácil porque, al menos la mayoría de nosotros, ya nos sentimos así. 

Lo difícil es volver a unirnos; recuperar este sentido de pertenencia. Es tan difícil porque nadie quiere perder su condición de individuo, entregar su identidad. Así suena cuando nos hablan del amor, pero nada está mas lejos de la verdad.

Amar a otro ser significa respetarlo. Es adorar su esencia y toda su expresión a tal grado que nos haga felices experimentarlo sin juicios.


Así la desdicha de vivir separados se convierte en una oportunidad interminable de volvernos a unir con el ser amado, sin deformarlo con exigencias. De entregarnos sin ser absorbidos.

Por eso la alquimia es el arte de hacer el amor: es entender que estamos separados, respetarnos en la unión, y disfrutar el universo que nos permite jugar nuestro papel en este divino escenario. Porque todo lo que existe es sagrado. No lo digo yo, lo dice William Blake.

martes, 3 de mayo de 2016

14. La meta de la alquimia es comer sin engordar.

Muchas cosas se han hablado acerca de la #Alquimia, sus métodos y su propósito. Nadie, en toda la historia ha dicho que su fin principal es comer sin engordar. Es porque no saben nada de alquimia.

Si supieran lo más mínimo del Arte Magno, en seguida se darían cuenta de que los seres humanos solo son felices cuando comen #Chocolate, porque todo lo demás acaba por cansarnos. Por supuesto que también nos cansamos del chocolate, pero entonces pasamos a ser una especie rara y distinta, que solo se parece a la humanidad en forma superficial.

Bueno, a fin de cuentas esa es la meta de la alquimia: convertirte en una especie distinta que no se preocupa cuando hay crisis, ni se deprime cuando le va mal. ¿Te puedes imaginar una cosa así? Siempre que lo intento, acabo con la imagen mental de mí mismo llegando al funeral de alguno de mis amigos, con una sonrisa de galán de tercera. No sé, pienso que eso no me haría una persona popular.

Pero, ¿a quién le importa? No vinimos al mundo para ser populares. Vinimos para ser felices, o cuando menos gordos, que es la prueba material de que no nos ha faltado nada en la vida y, más bien, hemos conocido la abundancia.

Esa es la enseñanza principal del Arte Magno: que todos somos luz, todo lo que existe brilla, y a nadie le importa si eres gordo, bonito ni calvo. Somos la materia prima de la Piedra Filosofal. No somos parte del universo, carajo, somos universo. 


Por eso la gente ya no cree en la alquimia. Después de todo, ¿qué significa decir que "somos universo"? Claro, es una frase bonita, y seguro te llevas unos cuantos likes si la compartes en tu Facebook. De hecho, dicen los alquimistas que compartir mi blog en tus redes sociales es el verdadero secreto de la felicidad. En serio, ¡pruébalo! Decir este tipo de cosas es lo que le da mala fama a las tradiciones como el Yoga o la alquimia.

Pero, en serio, comparte mi blog.

Porque nadie en toda la historia de la Iniciación te ha prometido liberarte del sufrimiento. Bueno, Siddhartha el Buda si lo prometía, pero el hijo de @&ta te pedía que dejaras de existir para lograrlo, y así no cuenta. De hecho, los iniciados te dicen que dejes de quejarte porque la realidad es una belleza, y nos estás arruinando el paseo a todos con tanta protesta. 

Verás, para las religiones antiguas el ser humano es como una rueda. No te estoy diciendo gordo, tranquilo. Quiero decir que tenemos puntos altos y puntos bajos que no paran de girar, y lo único que determina nuestra realidad es la perspectiva que tenemos en un momento dado.

Por supuesto que no vas a manifestar un Ferrari de la nada solo por cambiar tu perspectiva, pero por lo menos vas a dejar de sufrir por no tenerlo, y eso hace toda la diferencia.

El verdadero secreto de la alquimia es unir lo sutil con lo espeso, el agua y el fuego, la luz con la oscuridad; traducido para la gente que no tiene su dotación de drogas a la mano, esto significa que tenemos que darnos cuenta de una vez que nada puede ser perfecto, pero nuestra opinión lo cambia todo.

Por eso tienes que engatusar a la gente diciéndole que puedes convertir todos los metales en oro, o comer sin engordar, o cualquier estafa que te sirva para ganarte algunos seguidores.

Si, bueno, lo siento por ese truco sucio, pero si ya llegaste hasta aquí, bien podrías terminar de leer el último párrafo.


Los alquimistas, esos hijos de... #PauloCohelo, solo quieren picarte la curiosidad para que piensen en algo más que la renta por un segundo. Quién sabe, a lo mejor te descuidas y aprendes a aceptar lo bueno y malo de tu vida. 

O por lo menos meditas un rato. Eso, dicen los neurólogos (estirpe menos embustera que los alquimistas), es la verdadera llave de la felicidad. Que no es tan buena como la iluminación, pero a la mayoría de los mortales nos funciona por lo mientras.