En este universo existen miles de millones de eventos que no podemos percibir, porque somos seres humanos finitos y con limitaciones. Sin embargo, nos gusta pensar que entendemos a la Realidad, así con mayúscula.
Esta creencia es muy inconsciente porque rara vez pensamos acerca de nuestra experiencia, a menos que sea para juzgar si es digna de capturar en un selfie. Sin embargo, tenemos creencias que determinan nuestra realidad. Tristemente, una de esas creencias es pensar que somos inmortales.
Pero, como todas las cosas que pasan dentro de nuestra cabeza, esto no es universal. De hecho, esta tendencia de pensar que vamos a vivir para siempre es uno de los principales síntomas de esa condición extraña pero contagiosa que llamamos "civilización". A ninguna persona civilizada en este mundo le gusta pensar en la muerte, y nuestra sociedad está dispuesta de forma que podamos esconderla.
A menos que te guste Game of Thrones, pero incluso a G. R. R. Martin le dio miedo matar a Jon Snow.
Sin embargo, el año 2016 ha tenido la mala costumbre de recordarnos una y otra vez que la muerte llega para todos llevándose a los mejores artistas de Rock and Roll. Seguro que no se ha llevado al Komander porque quiere recordarnos que hay cosas peores que morir. Por ejemplo, estar en uno de sus conciertos.
Bueno, entre tanta vida y muerte, y la música que acompaña a las dos, los seres humanos queremos buscar algo permanente. Algo duradero. Algo eterno. No es tan fácil porque ningún ser humano, desde el principio de la historia, ha logrado vivir para siempre; si hay alguien que lo haya logrado, tuvo la sensatez de no contárselo a nadie para evitar convertirse en el conejillo de indias más viejo del mundo.
Los dos caminos que ha tomado el ser humano para encontrarse con la eternidad son: llenarse de cosas y logros que nos den valor ante nuestros semejantes, pensando que así viviremos para siempre en su memoria. Por supuesto, los seres humanos somos tan ingratos que nos olvidamos hasta del tipo que inventó el papel de baño, así que no pongas tus esperanzas en eso.
El segundo camino que nos inventamos para ser inmortales, o por lo menos convencernos de que lo somos, es la religión; pero no me voy a meter con eso porque sería tan fácil como cazar ratones en la cámara de diputados, donde la mayoría están tan gordos que ni siquiera podrían correr. Bueno, tú sabes a lo que me refiero.
Pero en las sociedades más "primitivas", como por ejemplo en todas las culturas que han desarrollado un camino para entrar al paraíso en vida, se acepta la muerte como un evento inevitable en la vida de todos los seres. Un día, dice la física, el universo mismo va a morir, y con el hasta la parca va a perder la vida por no tener a nadie más a quien llevarse.
Qué pensamiento tan deprimente.
Tal vez por eso, para no deprimirse sin tener que negar el final que todos compartimos, aceptaron en su filosofía que todo el universo está en constante movimiento. Los alquimistas chinos (los taoístas, para los compadres) hicieron pequeño libro que describe al universo como un lugar cambiante. Se llama I Ching, y la mayoría de los occidentales que lo conocen piensan que es una herramienta de adivinación.
Los budistas, en cambio, te tratan de ayudar a relajarte diciéndote que al morir tu esencia va a regresar a la tierra y vas a volver a vivir. Esto suena bien, pero entonces tienes que volver a aguantar una infancia donde te tienes que dormir temprano, una adolescencia en la que te dejan en "visto", y una edad adulta en la que tienes que trabajar; por eso te recomiendan meditar, para perder todos tus apegos terrenales y trascender este plano material.
Me parece que le dieron en el clavo, porque esa filosofía te pide que seas feliz y busques la paz en esta vida; además, te asegura que lo peor que puede pasar es que te den otra oportunidad para intentarlo.
En mi opinión, esa es la respuesta más práctica para la mayor encrucijada del ser humano. No sabemos qué pasa después de la muerte, y cuando lo averiguamos ya no podemos contarle a nadie, así que da igual.
Pero la vida es muy importante; tenemos que vivir bien, disfrutar lo que hacemos, porque lo único que tenemos es la capacidad para decidir nuestra próxima acción.
Solo así podemos expresar nuestra esencia. Aceptando que somos acciones, un proceso que no es eterno pero que se renueva con cada nueva decisión. Así podemos decidir amar, porque es lo único que durará para siempre.


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