Una de las cosas más tristes en este universo, sin lugar a dudas, es la separación.
Nos duele cuando nos separamos de una persona, porque se va y nosotros nos quedamos. Nos duele estar separados de la gente que amamos, aunque la comunicación instantánea hace que todo eso sea más soportable. Nos duele estar separados de nuestras metas y sueños, porque la verdad es que a los seres humanos nos encanta quejarnos.
La separación es tan hija de &@ta, que el psicoanalista #ErichFromm le dedicó todo un libro llamado "#ElArteDeAmar". En este pequeño, pero interesante documento, Fromm propone que la gente está triste, tiene conflictos y todo eso porque nos sentimos solos.
Piénsalo por un segundo. Si tú pensaras que las acciones que tomas en contra de los demás, también te afectan a ti mismo, no serías un patán. Serías una persona amable, porque si hay algo que a la gente nos revienta más que estar solos, es sufrir por las ching&@€$ de alguien más.
Tal vez por eso, al final del día, preferimos sentirnos separados antes que tener que aguantar tanto drama.
Al menos eso quisiéramos creer. Yo pienso, igual que el buen Erich Fromm, que preferimos sentirnos separados porque nunca, nunca hemos sentido la dicha verdadera de disolvernos en otra persona. Eso es lo que llaman #Amor.
Y esa es, por supuesto, la meta final de la alquimia. Uno de los principios más conocidos del Arte Magno, si acaso se le puede llamar "conocido" al cuerpo de conocimientos que le dio su significado a la palabra "hermético", es: "separa, y vuelve a unir". La parte de separarnos es sumamente fácil porque, al menos la mayoría de nosotros, ya nos sentimos así.
Lo difícil es volver a unirnos; recuperar este sentido de pertenencia. Es tan difícil porque nadie quiere perder su condición de individuo, entregar su identidad. Así suena cuando nos hablan del amor, pero nada está mas lejos de la verdad.
Amar a otro ser significa respetarlo. Es adorar su esencia y toda su expresión a tal grado que nos haga felices experimentarlo sin juicios.
Así la desdicha de vivir separados se convierte en una oportunidad interminable de volvernos a unir con el ser amado, sin deformarlo con exigencias. De entregarnos sin ser absorbidos.
Por eso la alquimia es el arte de hacer el amor: es entender que estamos separados, respetarnos en la unión, y disfrutar el universo que nos permite jugar nuestro papel en este divino escenario. Porque todo lo que existe es sagrado. No lo digo yo, lo dice William Blake.


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