domingo, 24 de abril de 2016

13. La Muerte (no existe).

Cuando alguien empieza a estudiar el misterio del Tarot, una de las primeras cosas que aprende es que La Muerte, el arcano número 13, no tiene nombre. Según #Jodorowsky, una de las autoridades modernas más respetadas del tema, el Tarot de Marsella es uno de los más viejos y, ciertamente, es la primera baraja que tomó la forma medieval del Tarot y fue vendida al público.

Verán, antes de los Tarots franceses y españoles, de esos que se producen masivamente, las familias de aristócratas comisionaban sus propias barajas de juego; algunos lo hacían para introducir lentamente la digna tradición de los Templarios del Oriente a la sociedad europea, mientras que otros lo hacían porque los nobles templarios lo pusieron de moda. No eras nadie sin una baraja. Algo así como tener un iPhone en la edad media.

Al hacerse una moda, las cartas poco a poco fueron perdiendo el significado y misticismo original con el que fueron concebidas, hasta llegar con los benditos españoles que la hicieron una baraja de juego. Es decir, si todos sus nobles iban a tener una de cualquier forma, ¿por qué no utilizarla para jugar?

De por sí, los diseños de las cartas ya obedecían más los caprichos del diseñador familiar en vez de un patrón de enseñanzas místicas. Cuando se convirtieron en un juego "del dominio público" se acabó toda señal de que algún día fueron algo sagrado. Es decir, no puedes pensar que un juego de mesa en el que acabas de apostar tu granja y ganado, y encima perdiste, sea más que un invento del diablo para engatusar a los gentiles.

Sin embargo, igual que las películas de #BruceLee, también tuvo un efecto positivo. Así como la superestrella sínica nos enseñó que las artes marciales sirven para patearle el trasero a 45 malvivientes cuando se meten con tu restaurante familiar, también es cierto que popularizó una tradición espiritual importantísima de China; esto le permitió entrar a occidente y, por cada 10 maestros que enseñan a ser flexible y estúpido, hay uno que te enseña el Camino del Guerrero: a expresar amor a través de la fuerza interior y mejora continua.


De la misma forma, los venerables precursores de casinos en Las Vegas que utilizaron el Tarot para jugar le hicieron un enorme favor a la sociedad, en general analfabeta, de la Europa occidental al enseñarles a pensar en números. Esto tuvo la doble ventaja de que, en primer lugar, les enseñaron los números a la mayoría de la gente. En segundo lugar, y como consecuencia del primer efecto, también aprendieron a pensar en símbolos y representaciones.

Quiero decir, en la Europa de la edad media te enseñaban a creer que, si la biblia decía que una serpiente le habló a una chica desnuda y la convenció de comerse las manzanas del árbol del jefe, la gente de hecho pensaba que las serpientes hablaban y las manzanas eran cosa del diablo. Pensar en símbolos y representaciones significa que se te mueve la ardilla del cerebro lo suficiente para decir: "¡oye! ¡Tal vez es una metáfora! Tal vez es una bonita lección moral que nos enseña a no morder más de lo que podemos masticar, porque a lo mejor no estamos listos para las consecuencias. Tal vez no tiene nada que ver con serpientes que hablan".

No voy a decir que gracias a una cosa tan "simple" como es la baraja del Tarot, los campesinos medievales aprendieron a cuestionar el simbolismo de la Biblia y, eventualmente, rompieron el control tiránico de la iglesia católica. Tampoco voy a decir que las sociedad masónicas utilizaron esa misma baraja como el centro de sus enseñanzas por ser el único universo simbólico disponible en Europa que no controlaba la iglesia.

Lo único que quiero, es darte a entender la innegable importancia social, ideológica y por supuesto mística del Tarot para que entiendas por qué cuando digo: "en la baraja, el Arcano número 13 que representa a la muerte no tiene nombre" es algo muy, pero muy importante.

No es un accidente. Los editores de las cartas no se pasaron siglos cometiendo el mismo error de copiado, y posteriormente de impresión, por ser una manada de torpes.

Quiero decir, la gente moderna asume que la carta se llama "la muerte" porque la carta tiene un esqueleto con una guadaña gigante y está segando cristianos, de los que solo quedan sus cabezas. Pero... Bueno, supongo que tiene muchas interpretaciones.

Por algo no se llama "La Muerte". Quiero decir, las ediciones posteriores como el Tarot de Papus, con directa influencia del Tarot Marsellés, o el de Raider-Waite comisionado por los masones, ya tienen el nombre de la carta porque la enseñanza de los iniciados es que todo cambio es una muerte chiquita, y la muerte "grandota" no es nada más que otro cambio.


Eso es lo que piensa la gente que se dedica a estudiar el espíritu: que somos eternos, porque el universo nunca muere; solo cambia.

Tal vez por eso, los primeros editores se negaron a ponerle nombre al esqueleto, y por esa misma razón le pusieron "La Muerte": para recordarnos que es un símbolo, una metáfora. Que solo la eternidad del amor es real.

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XIII (también llamado "La Muerte").

Imagen: un esqueleto cortando la cabeza de un aldeano y un rey. Huesos regados y flores creciendo en un campo muerto, pero fértil. A veces se muestra cortando su propio pie, porque todo cambia: hasta la muerte puede morir).

Atribución alquimista: Escorpión.

La meditación:

1.- Date cuenta de que todo cambia.
Acéptalo, o aférrate a las cosas.
2.- Date cuenta de que tú mismo vas a cambiar.
Nada permanece. Tú tampoco. Nada muere. Tú tampoco.
3.- Date cuenta de que puedes llorar, o aceptar, que nada es eterno.
El universo no cambia por tus ideas pero, para ti, hacen toda la diferencia.
4.- Date cuenta de que tus creencias también van a cambiar.
Si te apegas a un sentimiento, no te preocupes: vas a dejar de sufrir con el tiempo. Entrégate al momento presente. Si eres una persona desapegada, no te preocupes: ya encontrarás algo que llene tu corazón tanto que no lo puedas dejar salir. Entrégate, igual, al momento presente.

La meditación consiste en aceptar el cambio. Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.

jueves, 21 de abril de 2016

13. La muerte y la resurrección.

Es natural pensar que la muerte es la parada final. Después de todo, jamás hemos visto a nadie regresar de la tumba. Al menos no sin hacer un intento vigoroso por partirle la cabeza con un hacha. Las películas me han enseñado que esa es la manera correcta de lidiar con un zombie.

Bueno... Tal vez no es tan natural pensar que no hay un más allá.

Como ya dije en una publicación anterior, la creencia de que existe algo después de la muerte es tan natural para el ser humano, como buscar el amor de la Yenni es natural para el Brayan. Es casi como un imperativo biológico que no podemos evitar.

Tal vez porque los seres humanos le tenemos miedo a la muerte, tal vez porque todos queremos un mundo mejor, tal vez porque la agricultura y el lenguaje, los dos atributos universales del Dios del Sol, fueron las ideas fundadoras de la civilización, todas las culturas en el mundo han venerado al amor; no del Brayan y la Yenni, sino el amor universal que, proponen los iniciados, nos abre las puertas de la vida y la muerte.

Piensa por un segundo en el porqué de la metáfora: cuando amas, sientes un tipo de unión con la persona amada. Es un tipo de unión íntima. Personal. Trasciendes la frontera de tu ser.

Esto lo han dicho psicoanalistas e iniciados desde el principio del tiempo, así como los poetas que nadie entiende pero de todos modos nos gustan para dedicar o, cuando de plano no tenemos vida, para juzgar sus obras.


Oye, algo de cierto tiene que haber. No sé si es verdad que el amor trasciende todas las barreras, sana la distancia y nos salva de la maldita separación, pero sé que todo eso es psicológicamente verdadero porque, por dios, así se siente.

Bueno, pues a la mente no le importan para nada las barreras de la "realidad". Quiero decir, tenemos un lugar por debajo de nuestra percepción donde no sabemos respetar las reglas. Ahí, en donde el universo todavía no acaba de crearse, podemos ver la realidad tal como es... o al menos eso dicen los místicos.

De nuevo, no sé si eso sea cierto.

Solo estoy seguro de que tenemos una mente rebelde que nada le importan las reglas; para ella, el amor es una reunión con la gente que quiere, y le da igual que estén vivos o no.

Porque al amor nada le importa; no dejas de querer a la gente solo porque se va. 

De hecho, el #Amor solo parece volverse más grande; por eso dijeron los iniciados que puede vencer a la muerte. Porque la sensación de cercanía es mucho mas poderosa que el sentimiento de ausencia, y solo nos inunda la tristeza cuando dejamos de ver con el corazón, cuando pensamos que de veras nos faltan.

Sin embargo, y como dice #ElPrincipito, las cosas esenciales son invisibles a los ojos. No podemos ver la historia de la gente, sus sueños o su ideal. No podemos ver la verdadera unión que existe entre nosotros. Por eso tenemos que conformarnos con percibir la cercanía, que entendemos como vivir en la misma ciudad que nuestros seres queridos.

Así nunca vamos a llegar a nada. 

Puedes estar en el mismo cuarto que otra persona, y jamás lograrás ver la unión que existe entre ustedes. Pero si cierras los ojos, podrás sentir que son inseparables.

Ese es el significado de la muerte y la resurrección: necesitamos estar lejos de la gente para sentirnos verdaderamente cerca. Así, cuando estamos seguros del amor que sentimos por ellos, entonces sabemos que nunca se van a alejar, porque nadie en toda la historia de esta tierra pudo ver jamás a otro ser humano. 

Nosotros los humanos somos percepción. Tenemos mente, corazón y cerebro, o al menos eso dice la metáfora. Todo lo que sabemos de los demás, es lo que logramos entender acerca de ellos con nuestra mente, corazón y cerebro.

En este sentido, se puede decir que amamos un recuerdo. 

Pero tenemos que recordar que esto es solo una metáfora. Los neurocientíficos han logrado deshacer cadenas de memorias con procedimientos en un laboratorio, pero no por eso pueden producir el olvido; cuando una persona impacta tu vida cambia tu respiración, la postura de tu cuerpo, la sangre no te fluye igual. 


Todo esto deja huellas indelebles que van más allá de un simple pensamiento, que los iniciados han considerado como una ilusión, la más superflua de todas nuestras vanidades.

La gente que toca nuestras vidas existe dentro de nosotros. Corre por nuestras venas. Esto no es una metáfora. Es un hecho. El amor nos cambia en todos los niveles y, una vez que amamos, nunca podemos olvidar.

martes, 19 de abril de 2016

13. La muerte y el sexo.

Cuando hablamos de la vida del ser humano, solo existen dos fuerzas que seguramente la van a afectar: la muerte, porque nadie es eterno, y el sexo, porque no crecimos en un árbol de manzanas.

Tal vez por eso el doctor Sigmund Freud propuso, en su eterno intento por comparar a la mente con las funciones biológicas del cuerpo, que los seres humanos tenemos dos instintos básicos: el instinto al amor, que hablando de Freud sabemos que no se trata de andar agarrados de las manitas, y el instinto a la muerte, que no existe otra forma de nombrarlo ni requiere de mayor explicación.

Esto es una forma hermosa y a la vez terrible de simplificar el actuar del ser humano. Quiero decir, la mayoría de las mujeres ya piensa que los hombres hacemos todo nada más porque queremos sexo; eso provoca que la mitad del tiempo nos quieran matar, así que supongo que la teoría del buen Freud está validada.

Los #MisteriosEgipcios comparten la idea de que nuestro cuerpo se ve reflejado en la psiqué. Solo que, como buenos egipcios, van un poco más allá para decir que todo el iniverso es mente. Ese concepto suena genial hasta que te pegas en el dedo chiquito del pie; entonces el cuerpo no parece invento de la mente.


Teniendo esta creencia, se vuelve natural entender las analogías más antiguas del esoterismo antiguo y moderno: en el cuerpo tenemos necesidades y fluidos, reza la tradición, así que la mente también debe tenerlos. La necesidad en los "cuerpos sutiles" va cambiando según el nivel: ya sea emocional, intelectual, etc., mientras que los fluidos son aventados todos al mismo recipiente y les llamamos "energía".

Esta "energía" es lo mismo que Freud llamó libido, que solo significa "deseo sexual" cuando hablas con un pervertido que no sabe nada de psicoanálisis. En realidad Freud y los egipcios hablaban de un tipo de potencial para lograr ciertas cosas, la principal de ellas relacionarte con el mundo externo y darle significado.

Para la teoría psicoanalista, la experiencia es matizada por nuestra propia percepción. En el antiguo #Egipto, y todas las tradiciones que se han dedicado a piratear sus conocimientos desde entonces, se dice que nuestra percepción no solo matiza, sino que crea la realidad. No sé tú, pero yo también quiero de esas drogas.

Es ahí donde la tradición esotérica y moderna acaban por separarse. Mientras que nuestros ancestros aseguraban que la forma de ver el mundo acaba creándolo (opinión que tiene sentido si piensas en todas las maravillas y terrores que ha creado el consumismo salvaje), los estudiantes de la mente modernos, más reservados en sus opiniones porque el gobierno no le da becas de investigación a los chamanes, afirman que la mente solo sirve para interpretar a la experiencia. 

Qué aburrición.

Y digo que es aburrido porque esta forma de ver las cosas nos quita el papel de creadores y destructores de la realidad. Si lo piensas, eso suena mucho más dramático que "personas con una opinión". ¿Dónde está la magia en un mundo de opiniones subjetivas? ¿A dónde queda el misterio de ser humano si nuestro pensamiento, nuestros sueños no pueden vivir más allá de la piel? 

En pocas palabras, hemos perdido la conexión con las dos fuerzas primordiales del ser humano, la vida y la muerte, porque lo único que podemos hacer para relacionarnos con ellas es coger o morirnos. 


Pero el espíritu humano es ferozmente creador. Si decimos que todos los mundos que nacen y mueren con él son ilusorios, entonces ¿qué le queda al ser humano?

Dicen los que saben que la vida es un sueño, que solo el mundo sutil es real. Y no es que los antiguos hayan creído en fantasmas, sino que se dieron cuenta de que somos ideas; debemos ser ideas, porque a todo lo demás se lo lleva el viento.

jueves, 14 de abril de 2016

13. La muerte es negarse a vivir.

Existen dos tipos de muerte. Ya sé que piensas que voy a caer en el cliché y decir una tontería como: "la gente muere cuando deja de intentar cosas nuevas", pero escúchame hasta el final.

... Tampoco quiero decir hasta el final final, ese del que hablo en el título. Solo... Solo sigue leyendo; estoy seguro de que te voy a entretener.

El primer tipo de muerte es el que los budistas llaman "sus vacaciones", porque pueden descansar por un rato de tanta porquería que existe en el plano de la existencia. Por supuesto que hablo de la defunción, cuando las funciones de nuestro cuerpo se detienen y por primera vez podemos, por un segundo, dejar de quejarnos como &@€&@.

Creo que ese es el descanso al que se refieren los budistas: tener un espacio para nosotros mismos. No para el ego, sino para la esencia, porque el ego es aquello que se identifica con una forma que, aunque a veces hermosa, siempre es temporal. A menos que seas #MarilynMonroe, porque esa señorita vivirá siempre,

Quiero decir, no en realidad...

Bueno, si eres budista, tú tampoco morirás para siempre, o al menos eso piensas y es lindo porque, algún día, volverás a tener la oportunidad de sufrir y luchar todos los días por mantenerte vivo. Qué emoción; pero al menos tendrás vacaciones, ¿recuerdas? 

Si te gusta el modelo egipcio, en cambio, estás jodido.

En el antiguo #Egipto pensaban que la gente, al morir, era juzgada por el Maestro Osiris, y la forma en la que te juzgaba era pesar tu corazón contra una pluma. Si "aprobabas" el juicio, pasabas al mundo de los muertos y encontrabas el descanso eterno; si no, eras destrozado por los espíritus de la Puerta, que se llevaban todas tus memorias y solo te dejaban la esencia, que regurgitaban al río Nilo que representa el universo, la serpiente Apophis, y así... Esto quiere decir, sin tanta metáfora, que todos estamos jodidos porque nuestros corazones están apegados a la tierra, así que estás condenado a reencarnar sin el beneficio budista de que cada ciclo aprendes algo nuevo; aquí, o vuelas o te ch&@€%#.

Todos menos los Faraones, que también eran unos hijos de... Dioses, iba a decir que eran hijos de dioses, y como tal tenían el derecho de jugar a su placer en esta tierra, y también tenían el dinero para callar con bolsas de monedas y lingotes al que les dijera que no.


La tradición católica, en cambio, dice que si mueres tienes de dos sopas: o sobornas al sacerdote (todavía en vida, porque si se te pasa pues ya es demasiado tarde) para que te dé los santos óleos, o te quemas en el infierno por toda la eternidad. Bueno, si lo piensas no está tan mal: te ofrecen el castigo o redención eterna, así que te ahorras todo ese molesto asunto de reencarnar; lo único que tienes que hacer es darle un cómodo pago a la Santa Iglesia para que haga unas llamadas allá arriba y te dejen pasar.
 
Si lo piensas es como los egipcios, pero no necesitas de toda la riqueza de egipto para pagar el descanso eterno. Con un sueldo modesto de #Godinez ya te alcanza.

Ese es el primer tipo de muerte; el concepto de "parada final", de extinción definitiva, es un invento de la modernidad. De hecho, si quieres pensar que la muerte es el fin vas a tener que esforzarte por encontrar una filosofía que apoye tu punto de vista. Es más fácil admitir que nadie sabe nada al respecto y seguir con tu vida. (Los estoy viendo, ateos que creen en la ciencia; aunque no tienen evidencia ni a favor ni en contra de la reencarnación, por alguna razón siguen pensando que es una creencia tonta).

El otro tipo de muerte es dejar de aprender. Lo siento, te juro que no quería caer en el cliché, pero es que es imposible no decir una cosa de estas cuando vez a tanta gente quejándose porque la vida apesta, y luego se quedan en el Facebook en vez de salir a conocer nuevos tipos de #Chocolate.

O de gente. 

No, pensándolo bien, al diablo la gente. Siempre que sigas tu camino, ya llegarán los correctos; por lo mientras, lo mejor que puedes hacer es atascarte de chocolate.

Existen tantas cosas que puedes hacer en este mundo que ni siquiera es divertido. Creo que ese es el problema de nuestra sociedad. Somos demasiado felices, así que tenemos que trabajar demasiado por encontrar algo de qué quejarnos.


Sé que puedes empezar a citar un montón de estadísticas hablando de la pobreza, la guerra y el hambre. Eso es lo que llamo trabajar por deprimirte. Si de verdad te importa, haz algo al respecto, porque quejándote no vas a solucionar nada.

¿Ves? Todos estamos un poco muertos por dentro. Porque podemos escuchar cosas como el hambre, la guerra, la pobreza, y decir que "es parte del mundo". Ni modo. Pero mientras nos agarra la muerte, la de a de veras, la muerte de la mala, tenemos tiempo. Y eso es, verdad de dios, lo único que tenemos.

martes, 12 de abril de 2016

12. Bruce Lee, el Tao, la Alquimia.

¿Qué tienen en común Carl Gustav Jung, Bruce Lee, y las logias de masones? Bueno, todos ellos estaban bien locos, pero esa no es una respuesta suficiente. El verdadero punto del que quiero hablar hoy es que todos hablaron acerca de la tradición oriental.

Bruce Lee era el chino con el que alucinamos todos los occidentales. Un genio para los negocios, artista consumado (él fue productor y coreógrafo de muchas de sus películas), una bestia en el combate y filósofo Taoísta. De hecho, mucha gente aquí se sorprendería si supiera que escribió un libro llamado "El Tao del Jeet Kune Do".

Para los que no lo saben, el Jeet Kune Do es el nombre del arte marcial que inventó a partir del esgrima, boxeo, kung fu, entre otras tradiciones que había estudiado y seguramente acabó dominando.

Lo menciono porque, de nuevo, mucha gente va a pensar que no sabe lo que significa "Jeet Kune Do", pero creen que sí sabe lo que es el Tao. Probablemente imaginan que tiene algo que ver con el Yin Yang. Pues no.

Lao Tze habló de algo indefinible, esencial a la naturaleza de las cosas, vital y radiante; pero como era un tipo honesto, dijo: "no sé como llamarlo, así que le llamo Tao".

Para un chino de su época, que tenía más de 20,000 caracteres para nombrar todas las cosas bajo el sol, decir que no sabe cómo nombrar algo y tener que inventarse el nombre en el acto es como si un físico dijera que, más allá de toda duda, las ecuaciones de #FisicaCuantica revelan a través del método científico que la realidad es "rara".

Quiero decir, no estaría equivocado, pero...

Lao Tze estaba tan perplejo acerca de esa realidad profunda que había encontrado, como sea que los chinos antiguos hagan para encontrar ese tipo de cosas, que decidió dejar de pensar en qué demonios era y tan solo dedicarse a compartir sus operaciones y misterios.

Como Bruce Lee cuando dijo que el Jeet Kun Do es la forma sin forma, el arte de condicionar tu cuerpo para ser natural, espontáneo. Bueno, palabras más palabras menos.


Los Alquimistas pensaban que la realidad era así como un tipo de ilusión que se negaba a dejarnos en paz porque estábamos ebrios, idiotas, o por lo menos muy confundidos. Por eso los quemaban; no te vuelves popular diciéndole a la gente que toda su realidad está equivocada.

El caso es que pensaban que debía de haber una mejor opción. Por supuesto, esta idea no vino de la insufrible Europa medieval. Vino de los caballeros que, enviados como carne de cañón y castigos políticos a pelear en las cruzadas, regresaron del medio oriente con algo más que nuevas formas de insultar a la gente en árabe.

Ellos aprendieron, y adaptaron, la tradición de los jeques y otros místicos, sumamente influenciados por la tradición egipcia y por lo tanto Taoísta e hindú. Debemos recordar que #Alquimia viene dela raíz Al-Khemi, o "proveniente de Egipto". Por supuesto, para estos tiempos Egipto ya había conquistado, perdido, y comerciado con una buena parte de las civilizaciones orientales. Esto permitió el telón perfecto para que los Iniciados sintetizaran todas las tradiciones de la región en una fórmula que tan solo estaba esperando un principio de unión universal, una forma de juntar todo su conocimiento bajo la misma Ley.

Este concepto lo encontraron en Allah, en el medio oriente, y después en el concepto de Dios.

Era perfecto.

Todas las operaciones del universo, la ley natural, los secretos y las circulaciones que sentaron la base para el método científico; todo esto fue unificado filosóficamente bajo el principio gobernante del Único Dios. Le dio al conocimiento, cegado por todos los efectos en el mundo natural que lograba producir, una aspiración filosófica y moral de Servicio al Señor y todos los Seres que existen, porque la humanidad era, bajo esta ideología, siervos del Creador; por lo tanto, y ya que no podemos prestarle servicio directamente, debíamos convertirnos en sirvientes de toda su creación.

El más noble de todos los profetas, Jesús el Nazareno, prestó sin derecho a votar su mitificada persona para darle a la nueva Orden un ideal alcanzable: una promesa de que el ser humano, a través del #Amor y el servicio devoto, podía alcanzar el estado de gracia que se nos había negado en esta lacerada realidad.

Así nació la leyenda del "hijo de la viuda", con su infantil obsesión por aliviar el sufrimiento en todos los rincones del universo, y la teoría del disolvente universal.


Es decir, no era una teoría. Era un berrinche. Pensar que debía de existir una sustancia que pudiera eliminar toda apariencia, y permitirle a nuestra esencia: brillante, radiante, compasiva y hermosa, manifestarse como es. 

Luego los alquimistas empezaron a buscar cómo convertir el plomo en oro, pero, ¡oye! De algo tenían que comer.

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El Colgado

Imagen: un hombre colgado por el pie, haciendo una reverencia o adoptando postura de entrega y sumisión. No lo forzaron; fue suspendido por propia voluntad.

Atribución alquimista: el Agua.

La Meditación.

1.- Acepta tu situación en esta tierra. Alternativamente, puedes quejarte; pero no vas a solucionar nada de esa manera,
2.- Acepta la situación de todos los seres en esta tierra.
No, al diablo con eso.
1.- Lucha todos los días de tu vida, hasta alcanzar una vida digna de un ser humano sobre esta tierra.
2.- Lucha todos los días de tu vida, hasta que la compasión y el amor se manifiesten en todos los seres de la tierra.
Sé que nadie va a hacer eso.
Solo haz lo que quieras, pero disfrútalo, carajo.

Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.

jueves, 7 de abril de 2016

12.Los iniciados que le ganaron al tiempo.

En todas las tradiciones del mundo existe una creencia que siempre se repite: somos humanos, y eso de alguna forma está mal.

Para los católicos nacemos con el pecado original, porque creer que tienes que esperar a tener consciencia de lo que haces para ser malo es demasiado mainstream. Para los budistas, la misma existencia es sufrimiento, así que no hay nada que hacer excepto meditar todos los días con el fin de dejar la reencarnación y todo eso. Bueno, al menos tienen la decencia de no cobrarte una cuota por ese privilegio, aunque bien podrían hacerlo diciendo que, cuando alcances la liberación, de todos modos no vas a necesitar el dinero.

En las tradiciones masónicas el candidato debe dejar de lado su orgullo para identificarse como un huérfano perdido que busca la luz. Todo eso es una metáfora que, sin tanta faramalla, significa ser un ignorante que solo la orden puede salvar de su terrible condición.

Lo malo de todas esas tradiciones, que en su defensa están diseñadas para enseñarle a la gente que deben dejar de quejarse, porque sí, efectivamente, todo está mal y la única salida es tomar el cambio en sus manos, es que siempre acaban por ignorar el helado de #Chocolate. No me importa qué tan budista seas, estoy seguro de que lo adoras.

Quiero decir, conozco gente alérgica, que de todas formas come chocolate. Si me dices que el universo es sufrimiento, que los seres humanos vivimos en el pecado original, es porque no has comido nada dulce el día de hoy. Así que ve a llenarte la boca con algo mejor que tus quejas, porque la verdad es que ya nadie quiere escucharlas. 

La tendencia desde hace más o menos medio siglo, cuando los chicos del New Age alucinaron que tenían un mensaje importante que compartirle al mundo, es decir que los seres humanos no estaban tan mal después de todo. Esa es la idea detrás del famoso "cuarto camino": decir que sí puedes convivir con la sociedad, que dios está en las ciudades igual que en las pirámides, pero de todos modos tienes que pertenecer a un club donde te enseñan de qué se trata la vida.

Al menos es un intento de modernizar el más antiguo mensaje: que todos los hombres y todas las mujeres somos libres. Pero, si de verdad se creyeran eso, entonces ¿para qué te piden que te aprendas sus ritos, sus bailes o lo que sea que los define como una escuela, y los hace únicos y diferentes a todas las demás?


La respuesta fácil es que ven a la gente sufrir mucho; el mundo apesta, y eso es un hecho que sería muy difícil negar. A menos que tengas a la mano una barra de chocolate. Entonces la vida es genial. Por eso te enseñan a meditar, para que no tengas que ahogarte con chocolate.

Pero creo que, como especie, aún estamos muy inmaduros para aceptar que la gente está bien así como está, principalmente porque la mayoría de seres humanos son unos hijos de $£%#. Eso me gustaría decir, pero la verdad es que la cantidad de personas que dedican su vida a la violencia es muy pequeña. Solo que son muy buenos en su trabajo.

Y creo que ese es un problema importante en nuestra sociedad: la mayoría de nosotros no nos dedicamos a decidir quiénes somos. Quiénes queremos ser. Dejamos que lo decida alguien más. Luego jugamos a buscarlo con todas nuestras fuerzas, hasta que se nos olvida que era un juego desde el principio.

Lo malo es que es muy fácil tomarse el juego en serio, porque el que no juega no come. Sin embargo, poco a poco nos estamos dando cuenta de que la gente puede trabajar, tener dinero, y luego le queda mucho tiempo libre. Cada vez tenemos más, y formas más rápidas de ocuparlo. El mundo moderno es inmediato.

Así que nos queda muchísimo tiempo para darnos cuenta de que la mayoría de lo que hacemos no nos importa un cuerno. Necesitamos algo más profundo, algo que nos llene, y cada vez más dejamos de encontrarlo gastando el dinero que vivimos para ganar.

Eso es lamentable, pero es más lamentable decir que no tengo una mejor alternativa. Quiero decir, si no te gustara trabajar para tener dinero, internet, ese tipo de cosas lindas, ya lo hubieras dejado de hacer. Pero las cosas las haces porque quieres, y si no es así te recomiendo examinar tu vida.

Así que te voy a recomendar que seas tú mismo: eso se logra buscando lo que te gusta y haciéndolo cada que puedas. Se logra dándote permiso para divertirte en este perro mundo que, sin una pasión, no tiene sentido.


Yo solo quiero pedirte que no te dejes convencer por nadie que te diga que debes cambiar. Es decir, si tu vida no te gusta, entonces sí cambia. Pero no dejes que te digan hacia dónde; nadie puede definir lo que es mejor para ti. 

Ese es el secreto de los iniciados que superaron el tiempo: tomar su propia esencia como la forma correcta de vivir, para ellos mismos y nadie más. Luego le enseñaban a la gente a encontrar su propio ser, pero tarde o temprano empezaban a venerar las enseñanzas, no los resultados. 

Excepto tu propia religión, grupo de meditación o cuarto camino, por supuesto. Hablo de todos los demás, que malinterpretaron el mensaje.

martes, 5 de abril de 2016

12.La meditación (no) es la medicina universal.

En la tradición alquimista se identifican dos "sustancias" que son la meta final: la Piedra Filosofal, y la Medicina de los Metales.

Esta doble naturaleza de lo numinoso no es exclusiva de la #Alquimia: en el Taoísmo tenemos al Yin y el Yang; en el Budismo, los Budas y Taras; dentro de la tradición hebrea encontramos al Zeir Anpin y a la Nukva. Ya que estamos hablando de palabras raras, aprovecho para mencionar que "numinoso" significa "sagrado"; es la palabra que utilizan los académicos para no mencionar a dios en sus escritos porque, en primer lugar, no todas las tradiciones tienen una divinidad y, en segundo lugar, a los académicos les da una alergia marca diablo si mencionan algo parecido a dios en un contexto serio. 

Pues ni los alquimistas, ni los budistas ni los hebreos se refieren a lo numinoso cuando hablan de la dualidad.

En otra publicación dije que la religión se identifica porque te dicen qué es sagrado, y te definen un opuesto. Pero los iluministas son exactamente lo contrario: ellos piensan que "divino" significa unidad, continuidad, complemento. Piensan que el Yin y el Yang tienen la misma esencia, el Tao, pero con una expresión diferente para darle un poco de movimiento al universo.

Porque unidad no quiere decir uniformidad; esa cosa sería demasiado aburrida.

Así pues, cada tradición tiene su propio concepto de lo sagrado. La tragedia es que este mundo no se encuentra en ese estado genial de unidad, sino que se divide en una expresión femenina y masculina. Para la religión, uno de estos principios debe dominar a su contrario, pues uno se considera "bueno" y el otro no. En cambio, la iluminación en la cultura que gustes y mandes, se considera como la unión de los polos en el mismo recipiente.

Esa, en teoría, es la medicina universal, porque sería una infamia de parte de los Maestros que te pongan a meditar todos los días para que al final te quedes igual.


Bueno, de alguna forma tienen que ganar adeptos. La verdad es que la iluminación verdadera no tiene nada que ver con lo que piensas porque la condición humana tiene partes iguales de tristeza y felicidad, de placer y dolor. Pero no avientes por la ventana tu rosario budista, tu tapete de yoga, o lo que sea que utilices para la meditación (los que practican #Zen tienen suerte, porque no tienen que comprar nada que puedan romper en un arrebato de ira). "El camino" se trata más bien de aceptar que no todo es miel sobre hojuelas, y a veces te vas a tener que aclimatar o acliching@& con una situación.

La próxima publicación voy a hablar sobre las "primeras sustancias", los materiales que tenemos para trabajar como seres humanos que sufrimos y nos quejamos cuando pierde nuestro equipo de fútbol.

Por el momento recuerda la lección de las tradiciones iluministas: no existe la perfección, y si existe no la podemos experimentar. Nuestra existencia es ir y venir, subir y bajar, una doble expresión del mismo principio que básicamente se reduce a quejarte o aceptarlo.

Al final del día, la decisión de qué pensar acerca de la vida es lo único que tenemos, porque no podemos controlar a todo el universo para que siempre nos vaya bien.

Esa posibilidad de elegir, esa libertad es la verdadera medicina universal; el problema es darte cuenta de que, si el mundo te trata como pinta #FridaKhalo: de la ching@€@, puedes elegir cómo te quieres sentir al respecto. Las tradiciones iluministas no son otra cosa que trucos sucios para lograr convencerte a ti mismo. 


Por eso los Maestros a cada rato repiten que de nada te sirve quedarte con las apariencias, con las técnicas, que al final del día no son otra cosa que un "curita emocional". Necesitas curar la herida original; pero esa "herida" no es el sufrimiento, porque con esta economía sufrir es lo normal. 

Mejor deja de pensar que estás roto. Date permiso de ponerte triste sin aferrarte a la tristeza, y un día te darás cuenta de que las emociones son una elección.

sábado, 2 de abril de 2016

12.Hay que comprender quién es el enemigo.

Toda religión tiene un demonio. De hecho, podríamos decir que la forma para identificar una religión es que te dicen cuál es la bondad suprema, que siempre incluye un tipo de obediencia hacia las leyes del estado, y definen a su contrario.

Solo diré que me parece divertido porque, hasta donde yo sé, todos los profetas fueron en algún punto enemigos del estado. El Maestro Jesús fue crucificado por el gobierno romano, y el Buda Siddhartha negó su estado de realeza para convertirse en un vagabundo más.

Es una cosa admirable cómo los rebeldes se vuelven los instrumentos de la conformidad, pero es aún más admirable cómo se distorsiona el mensaje más básico de todos: no existen contrarios, sino un solo universo que danza interminablemente.

Jesús el nazareno le pidió a sus discípulos amar al enemigo; nos pide sentir el mismo #Amor por nuestro prójimo que por nosotros mismos, y voltear la otra mejilla cuando nos afrentan. De alguna forma su filosofía de amor se convirtió en la necesidad imperiosa de quemar a todos los disidentes en la época de la inquisición, pero la iglesia ya se disculpo por ese pequeño desliz. 

El Iluminado, el despierto, Siddhartha, nos pidió aceptar que toda la existencia es un círculo interminable de sufrimiento, y mientras sigamos haciéndonos pen&@# vamos a regresar una y otra vez a sufrir y reír de nuevo, dos maldiciones igualmente insoportables para sus devotos. Sin embargo, este mensaje parece ser un poco pesado para los seguidores modernos, por lo que se inventaron el concepto de que si haces cosas malas te va a ir mal; eso suena como una muy bonita definición del karma, además de ser un mensaje conveniente para el gobierno porque ellos son quienes deciden lo que está bien o mal.


Bueno, no es que me importe, pero pienso que si vamos a llamarnos seguidores de una tradición, deberíamos estar dispuestos a escuchar el mensaje original y no las interpretaciones que le convienen a un grupo político o dirigente religioso.

Y como no me quiero meter en controversias, mejor voy a hablar de un tipo mucho menos santo, mucho más moderno, y mil veces más sarcástico que los Maestros que ya mencioné. Su nombre es Timothy Francis Leary; sus credenciales son haberse convertido en el mismísimo gurú de la contracultura hippie, para después rechazarla diciendo que era un movimiento infantil. Por supuesto, los hippies lo dejaron de escuchar cuando dejó de hablar de drogas, pero su carrera como rebelde y visionario continuó hasta el final de su vida.

Tal vez otro día hable un poco más de su biografía, que me parece innecesario, pero lo menciono porque, como todo buen demagogo y movedor de las masas, él definió la suma bondad y su enemigo el mal.

Para Timothy Leary, lo más importante en todo el universo, el propósito de la vida y la razón de nuestra existencia era volvernos seres inteligentes, inmortales y felices. El hijo de &#@% iba por todas las canicas. 

Como un incondicional fanático de la inteligencia, pensaba que el último enemigo era la estupidez, la depresión y el aburrimiento. ¿Puedes creer eso? En este planeta existió un tipo que rechazaba el aburrimiento como un enemigo natural de la condición humana. Estaba prediciendo la cultura del meme por varias décadas; hubiera sido tan famoso en internet.

Quiero decir, después de siglos de corrientes que nos tratan de decir: "esto está bien y cualquier desviación es un error imperdonable (a menos que nos pagues para perdonarte, por supuesto)"; después de décadas en un vacío existencial creado por la tradición atea, científica, agnóstica y materialista que culminó en la actitud consumista del siglo XX, llega este chacal con sonrisa amigable que dice "¡oye! Tranquilo viejo, solo necesitas pasártela bien". 

"Eres un organismo genéticamente diseñado para la felicidad". ¡Qué mensaje!

Seguro no fue el primero en decir que disfrutar la vida era la meta de la misma, pero nadie antes que él justificó su pensamiento con base en el sistema nervioso, en la biología y, más aún, logró hacer esa ideología parte de la cultura popular. Gracias a Timothy Leary, la idea de una tecnología de la consciencia, que literalmente significa un conjunto de técnicas que ponen los contenidos de nuestra percepción -- emociones, creencias, pensamientos -- bajo nuestro control, es parte de nuestro acervo.

Pero, como todo bien, debe traer consigo una consecuencia diametralmente opuesta y de igual magnitud. Nos hace creer que la gente mala es una grandísima hija de &@ta. Se nos olvidó pensar, como Jesús el Nazareno y el Buda Siddhartha, que la gente mala sólo está dormida.

No saben hacer algo mejor.

Al darnos cuenta de que la felicidad está en nuestras manos, pensamos que la gente que sufre, que causa sufrimiento, lo hace porque así lo eligió.


Pero nadie elige lastimar a la gente. Nos enseñan a hacerlo, y pensamos que está bien. Por eso pienso, como el buen doctor Tim, que el verdadero enemigo no es el ego, la ignorancia ni la misma maldad. Es el aburrimiento. La gente que sufre, no tiene nada mejor que hacer. Porque existen tantas alternativas.