El choque de esta ofensa?
No existe el bien, el mal,
Ni la alegría, ni permanencia.
Vamos a fingir por un momento que las líneas de arriba riman. No te pido que finjas que son buenas, porque de todos modos no las escribí yo: son de Aleister Crowley, en un épico (en le sentido de #BarneyStinson) poema que habla de la reencarnación, el ego, la tristeza de existir y la respuesta de todos estos pesares.
En palabras del autor, se trata de dedicarle tu vida al camino de la #Trascendencia, en un estilo más o menos budista; pero ya sabemos que nadie en su sano juicio quiere algo así.
El resto de la gente, que no somos insoportables y deprimentes la mayoría del tiempo (todo mundo tiene derecho a ponerse triste cuando lo dejan en visto), queremos un método para disfrutar la vida y, si acaso existe, el ciclo infinito de la reencarnación. Pero si algo es cierto, es que todas las cosas se vuelven pesadas y engorrosas si les dedicas suficiente tiempo.
Todo menos existir.
Por eso la teoría de Crowley gira alrededor de dos conceptos que hacen de cualquier existencia, de las piedras hasta las estrellas; cabe mencionar que para él, todos los hombres y #Mujeres somos estrellas, y lo dijo antes que esa imagen famosa del Facebook.
En otra publicación mencioné que sus dos conceptos son el Amor y la Voluntad.
La verdad es que hasta las ganas de vivir se gastan; cuando eso pasa, a uno no le queda nada más que su amor por lo que sea que ame, y la voluntad.
El amor es todo lo que nos gusta hacer, todo lo que nos apasiona, lo que nos llena y nos hace vibrar. Cuando lo vivimos, nuestro mundo se vuelve de fuego. Quema todas las preguntas estúpidas como: ¿cuál es el propósito de la existencia? O ¿por qué estamos aquí? Que solo parecen profundas hasta que te encuentras un par de ojitos que hacen que se te olvide cómo pensar.
O un par de nalgas, pero no podría yo decir algo tan vulgar en pleno #DiaDeLaMujer. Además, las chicas también comen pan.
El caso es que todos tenemos algo que hace que valga la pena este teatro de la existencia, que más bien parece carrusel porque la mayoría de nosotros solo estamos dando vueltas. Darnos cuenta de que solo estamos adivinando cómo disfrutar esta vida, en vez de buscar lo que nos hará felices, es el primer paso para encontrar lo que Crowley llamaba el Amor.
Todo lo que resta es usar ese sentimiento para aceptar que que sí, efectivamente, estamos hechos para algo. Nuestra historia y preferencias nos empujan en una dirección que no va nadie más.
Lo único que no podemos hacer en esta tierra es dejar de decidir. Vivir, morir, echarle ganas o dejarnos caer: todo es una decisión que tomamos aunque queramos fingir que no.
Así que decide algo que valga la pena, porque si la reencarnación existe, vas a tener que hacerlo por mucho tiempo. Pensar eso da miedo.
Pero, si la reencarnación no existe, entonces tienes muy poco tiempo para tomar tus decisiones; y eso es verdaderamente peor.


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