Al final todos acabamos pagándole una deuda a la madre tierra; digamos que esta vida la rentamos, porque no nos pertenece.
Si nos perteneciera podríamos hacer lo que quisiéramos; pero no podemos, porque en la cultura nos enseñan que algunas cosas están bien, les llevamos la contraria, y entonces aprendemos a querer lo contrario. Es el ciclo de la vida. Por eso la sociedad avanza y cambia: porque nadie quiere ser como la generación anterior.
Eso es, más o menos, lo que significa el Karma. Las acciones que tomes hoy van a tener sus consecuencias mañana.
Bueno, la verdad es que a algunos hijos de @&€# les va muy bien. Pero para eso existe la doctrina de la reencarnación: así los fieles tienen un cierto tipo de certeza de que, tarde o temprano, el que la hace paga; de la misma forma, pueden creer que la gente buena tendrá su recompensa, en esta vida o en la siguiente.
Pero la felicidad y la tristeza no tienen nada que ver con que hagas las cosas bien o mal.
Lo triste de ser humano es que intentamos medir el Karma con nuestros sentimientos, y la mayoría del tiempo nos sentimos bien jodidos.
Eso nos hace pensar que estamos pagando deudas horribles a un agente de hacienda universal porque, si no fuera así, entonces seríamos felices y nos estaría yendo bien. Pero la felicidad y la tristeza solo dependen de tu propia mente.
Por supuesto, es más fácil convencer a tu mente de sonreír si puedes tomar el sol en tu yate privado cada que quieras.
La verdad es que no existe el bien o el mal: existen nuestros juicios. La felicidad y la tristeza no aparecen, sino que las decidimos. No hay un ciclo universal que se mueva entre deudas y cobros, sino gente que hace cosas muy estúpidas y solo se da cuenta cuando está pagando sus consecuencias.
Pero no hay manera de escapar de este ciclo, porque al final todos vamos a morir. Dime qué tipo de recompensa durante tu vida sirve de balance para esa última afrenta, o qué te paga la vida que te haga apreciar el derecho a morir.
Esta vida no es un ciclo: es un espiral. El karma no regresa, sino que te avienta con el mismo impulso que empujaste, en la misma dirección. Si es demasiado fuerte, lo entiendes como un castigo pero, como en una cantina de autoservicio, cada quien muere por su propia mano.
La única cosa que podemos hacer para evitar el sufrimiento es amar todo lo que hacemos: decidir nuestras acciones con amor, y con amor vivir las consecuencias.
Solo cuando decidimos con plena consciencia (y para eso necesitamos hacer consciencia) podemos elevarnos por encima del ciclo de la #Causalidad. No nos salvamos de nada. Pero decidir qué deudas queremos pagar hace toda la diferencia.
10
La Rueda (de la Fortuna).
Imagen: una rueda custodiada por un guardián, fuera de la rotación de la misma. Usualmente se muestran dos seres que representan a la existencia en ascensión y declive.
Atribución alquimista: Júpiter.
La meditación:
1.- Piensa qué quieres hacer con tu vida.
No hay razón para hacer esta meditación con las decisiones pequeñas, que igual serán balanceadas al final de la vida, todas con el mismo resultado.
2.- Pregúntate a ti mismo: si el universo fuera a terminar como consecuencia de mis acciones, ¿de todas formas elegiría este curso de acción?
3.- Vuelve a preguntarte lo mismo hasta que encuentres algo que te apasione tanto, que la respuesta sea un contundente "sí".
Todos tenemos una cosa así. Puedes pensar que no, pero cuidar a tus hijos, a tu familia, seguir tu pasión o expresarte a través del comercio, la ciencia o el arte: siempre hay algo que te permite moverte sin miedo a las consecuencias.
4.- Una vez que lo encuentres, dedícate a vivir tu pasión: sin miedos, sin arrepentimientos.
Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.


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