Hay dos cosas que podemos hacer con el mundo: quejarnos, o disfrutarlo. Quiero decir, puedes hacer un millón más: comer helado hasta desmayarte, jugar con tu mascota o incluso recordar que ya casi es 14 y tú sigues en la #Friendzone. Pero si te pones a pensar en todas estas cosas, solo puedes quejarte o disfrutarlo.
Menos la friendzone. Por esa si tienes derecho a quejarte.
Porque, bueno, porque todo mundo tiene derecho a quejarse. Es nuestra libertad más estúpida, pero también es la más fácil; todo mundo parece estar demasiado dispuesto a utilizarla, en especial si tienen una conexión a internet.
Y eso me sorprende, porque es tan fácil ignorar las cosas que no te gustan. Las puedes ignorar con toda la facilidad del universo... a menos que te lleguen de verdad.
Lo malo de ser humanos, a parte de los lunes, las guerras, y más o menos todo lo que no tiene varios grados de alcohol, es que podemos hacernos conscientes de nuestras emociones. Porque a un animal no le importa estar deprimido. Sienten tristeza, pero cuando te pones a jugar con ellos o les das de comer se les olvida de inmediato.
No son como los Homo Sapiens, que tenemos una fascinación por recordarle a nuestro sistema nervioso que, después de millones de años de evolución y luchas, ha ganado el derecho de meterse al Facebook y quejarse de todo lo que le molesta, solo porque puede.
Por eso me da gusto que no hayan implementado el famoso botón de "no me gusta". Estoy convencido de que es una señal del Apocalipsis.
Quisiera decir que existe un principio más profundo, una razón trascendental para esa extraña afición de los seres humanos de aferrarse a la tristeza. Pero no la hay: solo somos pen&€@$.
Bueno... No es que un día hayamos despertado pensando: "hoy me voy a joder el día porque #YOLO". Por cierto, si usas ese famoso hashtag, necesitas ir a pararte enfrente de un tren. Si te gustan las emociones fuertes, te aseguro que esa sería una experiencia única en la vida.
Nadie piensa eso. No existe una sola persona en este mundo que se levante dispuesto a sufrir. Solo lo hacemos un día y, como cualquier otra adicción a una sustancia que altera la consciencia, lo seguimos haciendo porque cumple una función que no sabemos lograr sin ella.
Ese es el propósito de la tristeza: llenar una parte de nuestras vidas, pero sabrá Dios qué parte llenas con ella. De todos modos apesta. Pero, como cualquier otra cosa que no nos guste en esta vida, podemos aceptarla o sufrir. No tenemos más opciones, pero por lo menos quedan esas dos.
Verás, no podemos cambiar las cosas; la gravedad funciona de cierta manera en este planeta, y eso no es negociable. De la misma forma, tu sistema nervioso produce varias sustancias; es una patada en la espinilla, pero de todos modos es cierto, que algunas de esas sustancias químicas las interpretamos como el sentimiento de tristeza. Porque, si el ser humano no la necesitara, la evolución no se habría tomado el tiempo de crear receptores específicos.
Solo digo que no tienes que hacerte adicto. Ya todos le fallamos a la florecita del "vive sin drogas", pero bien podrías elegir drogas mejores. En especial cuando están dentro de nuestro cerebro.
Te recomiendo que pienses para qué te sientes triste. Todas las cosas tienen una función, o no existirían.
La verdad es que no importa cómo te sientas, siempre y cuando no te quejes. Ese es, muy en mis términos, el significado del #Nirvana. Digo que no importa cómo te sientas porque, siempre y cuando lo entiendas, puedes hacer algo al respecto.


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