martes, 23 de febrero de 2016

El gato de Alicia y el gato de Schrödinger.

Todo en esta vida tiene un propósito; todo menos la consciencia. Podríamos llamarle un tipo de accidente feliz que causa más problemas de los que resuelve porque, como humanidad, la verdad es que solo hemos podido solucionar a medias los problemas que nosotros mismos causamos.

Pero esto no quiere decir que sea del todo mala; es solo que este ambiguo fenómeno llamado "consciencia" suele ser inconveniente. Existe un texto escrito por Aleister Crowley en el que identifica la consciencia con la más terrible de las consecuencias que causa la obsesión del universo por conocerse a sí mismo; si acaso nuestra facultad de autobservación tuviera un propósito en esta realidad, sin duda sería ese: permitirle al universo conocerse.

Ya he dicho antes que el ser humano y la realidad no están separados; la consciencia es un tipo de piel que intenta convencernos de que sí lo estamos, y la ca@$#na es muy persuasiva.

Como humanidad no tenemos... Más bien, pensamos que no tenemos otra forma de obtener conocimiento que haciéndonos conscientes de las cosas. Adoramos pensar así porque la lógica es un juguete bellísimo que parece tener la razón siempre; incluso cuando estamos equivocados. 

Será por eso que la mayoría de las escuelas iluministas rechazan la lógica aristotélica, en donde las cosas son o no son; en donde solo pueden ser una cosa, y en la que una serie de premisas válidas te lleva forzosamente a una válida conclusión. Un iluminado prefiere mudarse al monasterio a tener que soportar una realidad tan aburrida.

Incluso la #FisicaCuantica, producto cúspide de la evolución del pensamiento y las calculadoras científicas, se ha dado cuenta de que un sistema puede tener dos valores a la vez, al menos hasta que nuestra observación "colapsa" el "vector de estado". ¿Entendiste eso? Es más simple de lo que parece.

En las palabras de la famosa metáfora, cuando miramos adentro de la caja, el universo, la probabilidad o lo que sea, decide si el gato de Schröedinger vivirá para maullar un día más.


Sin embargo, todas las evidencias de la vida en este plano parecen apuntar a que solo existe una realidad, y deberíamos escribirla con mayúscula porque es muy real. Por ejemplo, si eres latino, tu realidad es que cuando te portabas mal te daban un chanclazo: eso es tan real que duele.

Supongo que es inevitable. Por más que le demuestres a la gente que sus sentidos los engañan, seguirán confiando en lo que ven y escuchan, porque la alternativa es pavorosa: imagínate vivir en una realidad que juegue a los dados, como decía el buen #Einstein, en donde todas las percepciones son una apuesta que ganamos a veces, perdemos a veces, y otras veces la casa tiene arregladas.

No suena tan mal si conoces al tipo que hizo los dados cargados, pero las religiones que nos prometen un vistazo a su oficina cada vez le ceden más terreno a la bendita ciencia, aceptando que hay cosas que la fe no puede explicar del todo pero los números sí.

Porque son unos novatos.

Un verdadero brujo mira a los científicos con un brillo en los ojos, y les dice: "sí, ya lo sabía desde hace milenios". Con una cara perfectamente seria y actitud de férreo aplomo apuntan hacia sus manuscritos, pergaminos y qué se yo para decir: aquí esta, los antiguos decían lo mismo que los físicos de hoy.

En un tiempo donde ni siquiera sabíamos lo suficiente acerca de la vida para recomendarle a la población que se lavaran las manos, estábamos hablando de partículas subatómicas y los principios de la probabilidad detrás de la materia.

No sé a ti, pero a mí me parece que tiene sentido.

Bueno, al diablo todo eso; no sé si los iluminados de la antigüedad tenían doctorados en física cuántica, pero lo que sí he notado es que existen coincidencias que te dan escalofríos.


Y además, ni hoy ni en Egipto le importaba medio cacahuate al tendero de la esquina si la realidad existe o es una ilusión, mientras lo puedan convencer de que la moneda es verdadera.

Lo malo es que las investigaciones actuales, y antiguas, apuntan a que la realidad y el dinero son igual de falsos. Pero intenta decírselo a un taxista: pensar así no te va a llevar muy lejos en esta sociedad.

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