domingo, 6 de marzo de 2016

Cómo dar y recibir amor.

Uno de los libros más bonitos que he leído en toda mi vida es "Juan Salvador Gaviota". Espero que no estés comparando mis hábitos de lectura con los de un famoso presidente copetón, pero es que me encanta la metáfora tan obvia que hace #RichardBach entre las gaviotas y la gente, que solo viven sin darse la oportunidad de preguntarse qué los hace felices.

Eso, y una frase: cuando Juan Salvador Gaviota se despide de su discípulo, le recuerda que toda la pasión que ha tenido por volar (o cocinar, o el fútbol, o lo que sea que te mueva, porque la verdad es que no estamos hablando de gaviotas) no es lo que verdaderamente libera a la gente; es el amor.

Ahora, no quiero que me consideres un tipo cursi; no estoy hablando del amor que convierte los ojos de las personas en estrellas que alumbran el alma y ese tipo de cosas que dice la gente que acaba en la #FriendZone.

Cuando hablo del amor, estoy hablando de un concepto casi matemático introducido por Aleister Crowley como el eje central de su filosofía. Para explicarlo, tengo que hablar un poco de otro concepto: él pensaba que todos los seres humanos tenemos una predisposición personal, una función en la vida que no puede ser cumplida por nadie más, porque no existe otra persona que haya aprendido lo mismo, con las mismas habilidades y que haya crecido igual. Es decir, si te gustan la poesía y los automóviles, tal vez tu propósito en la vida es convertirte en el primer poeta de la NASCAR cup.


Ojalá que las cosas fueran tan fáciles, pero la verdad es que solo te está diciendo que no te quieras hacer el imbécil esforzándote todos los días por algo que ni se te da bien, ni te interesa. Es lo que hace la mayoría de la gente cuando se convierte en #Godinez; por eso escribo otro blog que te intenta convencer de todas las formas posibles de aceptarte como eres: porque, cuando lo haces, todo lo que resta es darte permiso para esforzarte por las cosas que ya sabes que quieres. Si de todas formas tienes que trabajar como burro todos los días sin salir de pobre, ¡por lo menos disfrútalo! Eso es lo que Crowley llama "Voluntad": hacer lo que te pide tu cerebro para dejar de odiar la perra vida.

Pues el "amor" significa darte cuenta de que no existen poetas en la NASCAR. Quiero decir, este mundo tiene un abanico de posibilidades limitadas. Tienes que escoger ese punto medio, o más bien esa unión, entre lo que quieres hacer y cómo puedes expresarlo.

Ese es todo el punto de esta publicación: para estar completos debemos encontrar lo que nos hace felices, y practicarlo todos los días.

Saber lo que te gusta es solo la mitad del proceso. Tienes que darte cuenta de que este mundo no está creado de buenas intenciones, sino de acciones. Y quiero decir, acciones constantes. Para lograr cualquier cosa que valga la pena necesitas esforzarte hasta hacerlo realidad.

Mira, no quiero decirte cómo vivir. Solo pretendo que entiendas que la vida es maravillosa, pero no es sorprendente. Es maravilloso que hayan tantas posibilidades, que podamos expresarnos de mil y una formas, que tengamos tanta libertad para forjar nuestro futuro, un día a la vez. Pero no es sorprendente que, si dejas las decisiones importantes al destino y solo enfocas tu atención en decidir el tipo de alcohol que te gusta tomar, vas a avanzar por esta vida como puedas.

Por eso el amor y la voluntad están ligados. La única libertad que tenemos es la de ser lo que debemos ser, pero no se lo debemos a nadie allá afuera; el deber es para nosotros mismos. La #Felicidad es la más grande de todas tus responsabilidades, y tienes que asumirla tarde o temprano.


Tenemos que entender que todas las cosas en este universo terminan, y ninguna vida es eterna. Por eso es imperativo buscar algo que haga que valga la pena vivirla.

Porque los seres humanos tenemos tiempo para todo: probar, experimentar, fallar y tener éxito en cosas que, después de todo, ni siquiera nos interesaban. Pero no tenemos tiempo para vivir como fantasmas, que solo se dejan llevar.

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