Quiero decir, hay cosas como tragar dos kilos y medio de chocolate que hacen ese teatro más soportable; pero sin duda alguna tenemos que disfrutar la vida, y dar lo mejor de nosotros para lograr que todos tengan un camino mejor.
Y todo esto se puede notar observando a #Japon, al amor y las estrellas.
En la filosofía nipona el individuo se considera una parte de la sociedad en el mismo sentido que una gota puede es parte de un manantial: si la gota está contaminada, todo el cuerpo de agua debe considerarse sucio; si las gotas son puras, entonces puede beberse. Por eso el gobierno se toma tantas molestias en dar a sus ciudadanos todo lo que necesitan: educación, dinero, trabajo, incluso el mejor entretenimiento. Han conseguido una sociedad casi perfecta en la que los habitantes se suicidan por el estrés, pero lo hacen pensando en la comunidad. Oye, eso debe contar algo, ¿cierto?
... No para el individuo.
En el amor, según #ErichFromm, encontramos una cura... De hecho, la única cura para la separación que, a la vez, respeta de manera perfecta la individualidad de los elementos. Es como un Yin Yang, perfectamente armonizado, que une dos fuerzas opuestas con una distinción perfectamente clara entre ellas, a la vez que una está inundada hasta su misma esencia de la otra.
Y esto es difícil de aceptar en una sociedad que nos pide poseer al otro y, al mismo tiempo, definir con absoluta claridad la frontera que no debemos permitir que se cruce jamás.
Las estrellas son infinitas y crean patrones en el cielo que la mente no puede comprender: en toda su extensión reinan las leyes del universo físico, tan misteriosas, o a lo mejor un poco menos, que las leyes que gobiernan a nuestro corazón. Todas las luces en el cielo son estrellas, y todas ellas combinadas no alcanzan a iluminar al universo tanto como un par de personas perdidas en el amor.
Pero el baile de las constelaciones ilustra perfectamente cómo un elemento fuera de lugar puede transformar hasta las más lejanas galaxias, porque la gravedad y los sentimientos no perdonan ni tienen límite en sus efectos: son fuerzas básicas en nuestra realidad.
Bueno, solo quiero decir que eres tan importante como las estrellas; y si aprendes a mirarte sin miedo, eres más poderoso que su rotación perenne.
No hay nada en este universo que se resista al amor. Ni la muerte, porque somos eternos.
3
La Emperatriz.
Imagen: una mujer hermosa, con regia dignidad y firmeza; gracia infinita, los estándares de la belleza para su era. El poder de la femineidad.
Atribución Alquimista: Venus
La Meditación:
1.- Respira.
2.- Observa tu respiración.
3.- Observa tu entorno.
4.- Observa que no hay diferencia: el universo cambia por tus pensamientos que se van convirtiendo en acciones, y la gravedad de las estrellas te mantiene girando alrededor del sol con el resto de la tierra. Todo estamos juntos en este viaje.
Como en el ejercicio anterior, si tienes una baraja, puedes ayudarte observando la carta del #Tarot; si no, solo enfócate en poner atención.


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