Porque, si se ponen a pensar por un segundo, es increíble lo irresponsables que somos cuando se trata de la persona con la que queremos pasar el resto de nuestras vidas. Quiero decir, hay algunas personas que al menos son honestas y solo buscan sexo. La mayoría de nosotros decimos que nunca vamos a caer con alguien así, pero todos conocemos a alguien que lo dijo y acabó con ese tipo de gente. A veces nosotros mismos somos ese alguien.
Pero nuestra versión oficial es que queremos el amor verdadero. Es lo in, lo cool, lo decente y lo que tienes que decir si no quieres que el mundo te catalogue como un zorro sin esperanza. Hasta la gente que solo busca sexo muchas veces que quiere el amor por esta razón: a veces ellos quieren al chico o chica decente y esos solo se consiguen fingiendo ser una buena persona, pero para llegarles también tienes que ser un cabrón por dentro, porque si no te mandan a la #Friendzone.
Bueno. Para el resto de la gente, los que de verdad queremos el amor verdadero, la mayoría del tiempo estamos jodidos porque pensamos que lo vamos a encontrar de repente, como si fuera una buena oferta en tu tienda de ropa favorita. No se por qué, pero creemos que vamos a reconocerlo inmediatamente solo con verlo; si no tenemos ese tipo de chispazo (en realidad, el sentimiento se parece más a una barra de dinamita con rabia y colmillos), pensamos que nunca vamos a llegar más allá de una bella amistad.
Es otra forma de decir que todos confiamos un poco en ese ser horroroso llamado cupido: queremos que una experiencia trascendental nos diga cuando conocemos a esa persona, pero la mayoría de nosotros nos conformamos con un cañonazo de hormonas, porque eso es lo que sucede cuando conocemos a la mayoría de los sujetos a los que les damos una oportunidad.
Y es que el amor es la fuerza más poderosa del universo, pero es tan invisible y nosotros tan tercos que nos conformamos con una atracción electrizante. Eso está bien por dos razones.
La primera es que, como dije en esta publicación, el universo sabe que somos torpes, así que nos regala un destello de esperanza como para que le echemos ganas a algo, a cualquier cosa, no importa a qué, siempre y cuando nos haga felices.
La segunda razón es que el amor lo podemos encontrar en cualquier persona, porque no es como los unicornios: no es un ser que supuestamente se anda paseando por ahí, invisible para los ojos de los incautos, y que algunos suertudos ven, reconocen, le toman fotos que suben a Facebook y reciben likes mientras sus amigos piensan que no puede ser real, porque ellos nunca lo han visto.
No es fácil encontrar el amor verdadero. Pero tampoco es algo que ya esté esperándonos en algún lugar del universo; por lo tanto es un poco equivocado decir que tenemos que buscarlo: más bien debemos construirlo.
Solo piensa en las personas que conoces que están verdaderamente enamoradas: estoy seguro de que, si lo has conocido por mucho tiempo, te has enterado de que anduvieron bien, luego no tanto, tal vez por un tiempo hasta cortaron y tuviste que emborrachar al que era tu amigo más cercano para que dejara de joder con lo mucho que la extrañaba.
Si es amor verdadero, tuviste que ponerlo muy borracho.
Pero el chiste es que la gente que de verdad consigue algo duradero, algo real, tuvo que luchar para construirlo.
El amor es esfuerzo. Es devoción. Es una irritante necedad que no se rinde ante nada. Es todo menos un duende con alas que va flechando a la gente.
Sé que me estoy adelantando un mes para este tipo de publicaciones, pero si quieres festejar el 14 de febrero con pareja, empieza practicando desde ahora el #Amor a ti mismo. Porque todo lo demás se puede terminar, pero vas a estar contigo hasta la muerte.
Y eso, el amor propio, tampoco lo vas a encontrar por suerte; no se nace con él. Se construye. Así que empieza a tratarte como si te quisieras llevar a la cama.


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