No sé por qué pensamos que las emociones, tan solo por existir adentro de nuestra piel, son "menos reales" o subjetivas, como si pensáramos que la única razón por la que existen es porque nosotros las manifestamos de alguna manera. Pero si eso fuera cierto la gente sería más feliz porque, por muy malas que sean nuestras decisiones en la vida, nadie es tan estúpido como para elegir amar algo que lo lastima por el simple hecho de sentirlo.
Más bien un día despertamos y encontramos un cuchillo enterrado en el corazón donde antes había una ausencia, sin poder decidir cuál es más doloroso.
Y la gente llega para decirte: "oye, anímate".
Por eso quisiera hablar de lo que, en la metáfora japonesa, se conoce como "el mundo de las 10 mil cosas".
Verá, todo mundo excepto la gente más aburrida sabe que los números son todo menos ordinarios. Tienen un significado. Para el científico representan el orden divino que utilizan como argumento contra la existencia de Dios, pues pueden describir todos los fenómenos (que convenientemente aceptan como "reales") de forma mecánica, sin necesidad de inventarnos algo tan superficial como el espíritu.
Pero para los místicos significan algo más. Donde el científico ve símbolos y relaciones, el Iluminado ve presencias y seres fantásticos cuya naturaleza no puede ser descrita sino por los números que los representan.
Para el japonés (supersticioso), particularmente, el número 10 mil es de gran importancia. Cuando ellos hablan del universo, no como un escenario que muy amablemente nos permite existir y todo eso, sino como un ser unitario que vive y respira, le llaman "el mundo de las diez mil cosas".
Incluso Miyamoto Musashi, el más excelso de todos los espadachines japoneses (cultura conocida por su excelencia en el esgrima), nos enseña que para convertirse en un verdadero Maestro debes practicar diez mil días sin cesar. Esta es su forma muy particular de decir que dejes de preocuparte por ser llamado Maestro, porque aunque entrenes una &@ta eternidad siempre vas a tener algo más que aprender.
Ese es el significado del número 10 mil en la cultura japonesa: una unidad completa, indivisible, imposible de lograr.
¿Sabes? A quién le importa.
¿Tienes idea de lo aburrido que sería lograr la perfección? Si un día te imaginaste que sería genial, es porque no tienes idea.
El universo es hermoso porque cambia todos los días. Por eso el espadachín persigue el camino de la espada, el carpintero recorre la senda de trabajar la madera, y el corredor de maratones recorre muchísimos caminos, pero siempre con un paso jovial.
Esa es la esencia de todo lo que llamamos un "camino". Algo que no termina, pero que nos hace felices a cada maldito paso.
Podemos reconocerlo porque, cuando lo practicamos, sanan las heridas de nuestro corazón. Encontrarlo allá afuera es alcanzar la iluminación. Encontrarlo en otra persona se llama enamorarse.
Encontrarlo dentro no tiene nombre, porque la gente que lo logra no puede decir una sola palabra. Están perdidas en un universo de luz, y la gente les llama Maestros.
Eso, ser feliz todos los días, eso sí que debe de ser genial. Porque nadie es perfecto, pero cuando eres feliz te deja de importar.


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