jueves, 3 de diciembre de 2015

El libro de Thoth.

En la publicación pasada dije, palabras más palabras menos, que la mente es un reflejo disperso y desorganizado de un principio más elevado; lo que llamamos "ciencia" es un esfuerzo por organizar esos reflejos que el universo proyecta sobre nuestra consciencia en un tipo de narrativa que nos sirva para algo. Por supuesto, esta es una descripción a grandes rasgos pero, el día de hoy, la palabra ha adquirido muchos significados.

La mayoría de las personas piensan que "ciencia" es ese tipo de alquimia moderna que hacen los tipos que tienen bata blanca pero no recetan #Paracetamol, porque si una persona tiene bata es o doctor o científico.

Los científicos, en cambio, se entienden a sí mismos de dos maneras. Están los estudiosos del mundo natural: son los que vemos en las películas haciendo complicadas ecuaciones que describen a los mecanismos que rigen al universo, expresándolas en elegantes leyes y transformando nuestro mundo a través de la tecnología.

Por otro lado, están los científicos sociales, que los practicantes de las "ciencias duras" dicen que no hacen ciencia. Precisamente por eso han recurrido a su conocimiento de la filosofía, la retórica y la historia: disciplinas que han tenido que dominar para justificar sus teorías a falta de cualquier tipo de evidencia material que las sustente, para argumentar que no todo el conocimiento debe ser cuantificable para ser considerado "verdadero".


Esto, sin ser sorpresa para nadie, hace que los practicantes de las ciencias materiales levanten una ceja llena de sospecha.

Pero el hecho es que esta división entre lo subjetivo y el mundo físico es un invento reciente que, probablemente, haya sido el resultado de un movimiento renacentista enamorado de la idea de derrocar a la religión. Ellos pidieron que se sustentara cualquier afirmación con evidencia porque sabían, con maldad y astucia, que este tipo de pruebas tangibles eran lo único que la iglesia no podía producir.

No sé si eso sea bueno o malo: solo voy a decir que, gracias a la visión positivista de la ciencia, puedes hacer cosas como ir a la farmacia y comprar medicinas que te van a curar todo tipo de malestares: desde un resfriado común hasta la ansiedad que provoca una vida moderna a la que le robaron su dimensión espiritual.

En la antigüedad, el mundo sutil y el material estaban íntimamente entrelazados. Por eso se pudieron producir joyas de la literatura como #ElKybalion, que afirma en uno de sus preceptos que el universo es mente; o la Tableta Esmeralda, mencionada en otra publicación, que nos dice: "como es arriba es abajo", para después afirmar la unidad de ambos polos.

Estas metáforas, en su tiempo, no fueron consideradas como meros recursos poéticos para expresar una idea religiosa, sino que se trataban de la sabiduría que para los eruditos e iniciados era una verdad indiscutible.

Tal vez el ejemplo más completo, ciertamente el más famoso, de esta sabiduría que era ciencia y poesía a la vez, es el #Tarot. También llamado "Libro de Thoth", es en mi humilde opinión la más hermosa de todas las expresiones de sabiduría tradicional. El mensaje siempre ha sido el mismo: el amor nos une a todos, el individuo es un universo en miniatura y, como dice #ElPrincipito, todas las verdades esenciales son invisibles a los ojos,

Sin embargo, nunca antes se había logrado crear una forma de decir lo mismo, que fuera entendible por cualquiera sin importar su nivel de educación (como en el caso de los escribas Egipcios o los Constructores y su arquitectura sagrada), el talento o dones naturales (indispensables para ser chamanes), o los recursos que pudieran dedicar a la búsqueda de la verdad (como fue el lamentable caso de los alquimistas).

Es decir, todos los caminos tienen sus condiciones para recorrerlos, pero el Tarot solo te pide usarlo como un espejo de ti mismo y observar lo que sea que te enseñe sin miedo.

Tal vez sea la forma más difícil de recorrer la Senda Solar: iluminando la oscuridad de tu espíritu al aceptarla.

Pero vivimos en una época en la que cada ser humano es un universo, y cada forma de ser un universo paralelo que muchas veces nada tiene que ver con los vecinos. Por eso, la mejor forma de encontrar algo que se asemeje a la Verdad es a través de un espejo.

    (Imagen original tomada de Wikipedia bajo la licencia CC BY-SA 3.0)

El Tarot es precisamente eso: un espejo que, como dice Jung, no solo nos permite vernos como somos, sino como podemos llegar a ser.

Y eso es lo más importante: saber que puedes llegar a ser tanto. Tanto como elijas.

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