Se le conoce habitualmente como "espiritualidad".
Y es que es una palabra que está muy mal entendida el día de hoy, porque la gente piensa que por ir al gimnasio, hacer yoga, o sentarse con las piernas cruzadas para meditar un rato ya es espiritual. Eso se llama ser... Bueno, no sé como se le llame, pero puedo asegurarte que el ingeniero ateo que trabaja todos los días por crear un mundo mejor, aunque no se crea tres palabras de los chakras y todo eso, es más espiritual que el gurú de gimnasio.
Porque la verdad es que muchas veces tomamos clases que nos hacen sentir muy bien con la vida, porque si algo ha logrado la ola del New Age es tomar los ejercicios más gratificantes de las tradiciones antiguas, pero en realidad no nos abren las puertas a una vida mejor. Solo nos hacen sentir espirituales porque el instructor usa pantalones de yoga y se sabe los nombres de las posturas en hindú.
Sin embargo, las tradiciones antiguas afirman que la espiritualidad es un camino interno que solo se reconoce cuando se manifiesta como servicio en la tierra. Por ejemplo, las sociedades alquimistas medievales crearon un grupo llamado "los carbonari" que, por el periodo histórico, pertenecían a la nobleza: ellos iban de puerta en puerta regalando dinero a los pobres y curando enfermedades con sus conocimientos.
Este actuar se refleja en todo el mundo: en India existen gurús que van de puerta en puerta pidiendo alojo para la noche y algo de comer; cuando una familia los acepta, hacen un brebaje conocido como Bhang para bendecir el hogar. En Japón los monjes andantes peregrinaban entre las aldeas combatiendo a los demonios y mediando problemas entre la población, jurando aliviar cualquier sufrimiento sin importar qué tan grande o pequeño fuera. Y así, en todas las tierras y todas las eras. Menos en la época moderna, porque los autonombrados guardianes del espíritu modernos te cobran una suscripción mensual.
Pero tal vez eso esté bien, porque como dicen tanto el Libro del Samurai como #CarlJung: el espíritu de una era es algo perecedero que no puede regresar; no deberíamos desear que regrese, ni sentir nostalgia por su paso.
Esta época no necesita gente con una devoción perfecta hacia sus hermanos, luchando día y noche por iluminar su propia sombra para ser la luz de la humanidad. Necesita que todos nosotros hagamos un pequeño esfuerzo por hacer la vida del prójimo más agradable. No tienes que hacer nada extraordinario, solo tener un poco de educación y saber respetar.
Me vi tentado a escribir que ya no existen los héroes, pero eso no es cierto: el día de hoy es sumamente fácil ser grosero, ofenderse, exigir que nos hagan sentir especiales. Cuando escogemos no hacerlo mejoramos la vida de alguien que le pagan por aguantarse los berrinches de los demás. Mostramos respeto por las personas que están librando una batalla interna y nos eligen para luchar a su lado, porque nadie quiere estar solo, pero es difícil tener que aguantar a los demás cuando no se dan cuenta de que todos tenemos problemas.
Es por eso que pienso que solo mirando a través del espíritu, como dice (palabras más, palabras menos) ese genial libro #ElPrincipito, podemos observar las cosas que verdaderamente son importantes. Cuando miramos sin juzgar a los demás por nuestra propia experiencia, podemos alcanzar a distinguir un fragmento de su mundo y es ahí, en el espacio que existe entre dos corazones honestos, que verdaderamente podemos conocer a los demás.
No estamos en este mundo para ser sus amos y señores, ni siquiera para alcanzar el control perfecto de nosotros mismos.
Estamos vivos para amar y manifestar el amor. Es difícil aceptarlo, pero sé que verdad porque, como humanidad, ya intentamos todas las alternativas posibles y, como humanidad, mira dónde nos han dejado.


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