Tuve la fortuna de asistir al simposio "SYNAPSE", patrocinado por #SunPharma, laboratorio farmacéutico hindú, impartido por el médico y psiquiatra Salman Akhtar. Si con esa introducción esperas leer algo serio, te aviso desde ahorita no va a pasar.
Y no es que yo sea el tipo de persona que se burla de las cosas serias; si lo soy, pero no lo digo por eso. Más bien es porque esperaba entrar a una plática llena de tecnicismos áridos para profesionistas médicos y me encontré con una versión asiática del buen Patch Adams: energético, directo y gracioso como el demonio en bikini.
Toda la conferencia giró en torno a la Esperanza, actitud hacia el mundo que, como buen psicoanalista, atribuyó a la relación que tenemos con la madre. Dijo que cuando nosotros tenemos una buena relación y recibimos amor incondicional en los primeros meses, entonces se forma una especie de cascarón que nos permite aguantar las cachetadas de la vida. En el caso de los latinos, también nos permite aguantar las cachetadas de la madre, porque el amor incondicional que suena tan bello se acaba al sexto mes de desveladas por nuestros pañales sucios.
Oye, lo bueno no dura para siempre.
Por supuesto, tampoco tiene que ser así; piénsalo, si fuéramos felices a cada momento, no tendríamos la malicia para ser sarcásticos y molestar a nuestros vecinos. Tal vez sería un mundo mejor, pero lleno de puro #Mirrey y cruzado de Facebook, de esos que quieren que salves a los países más pobres con likes. La frustración, dice el doctor Akhtar, hace que la gente sea tolerable.
Porque parte de la esperanza son los deseos, y no puedes desear nada si lo tienes todo.
No quiero transcribir todas las ideas del ponente, que fueron muchas y tenían mejores chistes. Solo me gustaría compartir el mensaje que me llevé de la conferencia de hoy: ¡deja de hacer dramas! Si la vida no te ha dado nada, puedes aprovechar para forjar un poco de carácter. Créeme, no sabes lo importante que es eso hasta que te hace falta. Entonces agradecerás las pruebas de la vida que, como dijo el doctor, son las que te dan los huevos para salir adelante.
Bueno, el habló del cascarón, pero todos sabemos a qué se refiere. Además, él es médico respetable: yo no soy ni uno ni otro, y encima nací mexicano.
Todo esto lo sazonó con una serie de anécdotas que, como buen humanista... Espera, ¿qué no era psicoanalista? Estoy confundido: todo fue muy gracioso y a parte estoy seguro de que practica el Zen. Porque el doctor Salman, en su práctica profesional, como entrenador y supervisor del colegio médico de Jefferson, como miembro del centro psicoanalítico de Filadelfia, como una eminencia académica y de la salud, su filosofía de campo parece ser aceptar a la gente sin juicios, para que a través de la empatía del terapeuta puedan recuperar el optimismo.
Porque, carajo, si a alguien le falta un poco de espranza, es tu trabajo dársela. No tienes que ser la muleta de nadie. Solo hazle saber que hay alguien dispuesto a escucharlo. No necesitas doctorados para eso, aunque te ayudan a la hora de cobrar.
Pero ese es el mensaje que, personalmente y con toda seguridad torcido, me llevé de las palabras del psiquiatra hindú: si alguien te importa, siempre puedes hacer algo por ayudar.
Aunque sea escucharlo sin juzgar.
Mañana publicaré la reseña del segundo día de conferencia; la próxima semana hablaré de los puntos un poco más técnicos, convertidos en consejos prácticos para mejorar tu vida. Recuerda que en este blog estudiamos el camino del sol en todas sus metáforas, sean piedras filosofales o huevos con cascarón.
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