El universo tiene un orden que no es negociable; no se puede alterar ni cambiarse. Por suerte para los humanos, no tenemos ni &€ta idea de cuál sea ese orden, así que intentamos explicarlo por la física, que cambiamos a cada rato, o la religión que ni se diga.
Pero ya hablé un poquito de eso en la publicación pasada.
El Iniciado te dice que el Universo es unión; esto significa que no importa qué tanto intentemos disecarlo, partirlo en pedazos o explicar por qué los malditos lunes no paran de apestar, siempre vamos a tener un poquito de razón y estar un poquito equivocados.
Y esto pasa porque, si el universo es tan grande que nunca lo vamos a acabar de conocer; si es unión como dicen los iniciados, entonces siempre que lo fragmentamos para intentar comprenderlo dejamos una fracción gigante fuera de nuestro discurso.
Es inevitable. Como dice mi autor favorito: si quisiéramos hacer un modelo del universo entero, este debería tener el tamaño del universo. Por eso cuando explicamos el porqué los lunes apestan dejamos afuera el tema de los impuestos, y cuando hablamos de los salarios de los políticos también dejamos afuera a los impuestos porque si no levantaríamos preguntas muy incómodas que nadie quiere responder.
Los iniciados eran unos necios insoportables que a fuerza querían tener un modelo capaz de explicarles toda la existencia. Por eso se inventaron cosas que a primera vista no dicen nada, como el fuego, el agua, el aire y la tierra, pero que cuando lo estudias lo suficiente se vuelven metáforas con sentido.
El problema es que funcionan. Y eso normalmente no sería un problema, pero es que todas las metáforas que se han inventado permiten explicar al universo igual de bien. Como ya te imaginarás, eso nos pone a pensar sobre quién tiene la razón única, verdadera y correctísima, porque macho alfa que se respeta y tiene problemas de inseguridad necesita conocer la verdad del universo.
Eso es lo que pasa cuando mezclas la espiritualidad con la política: el resultado se llama religión. Porque está bien decir que dios nos creó a todos, y decirlo como una metáfora para entender que el universo entero se mueve bajo una misma ley; los religiosos le llaman voluntad divina y los físicos ley natural, que dividen en cuatro fuerzas y sus interacciones; pero al fin y al cabo están hablando de lo mismo, solo que un modelo te permite dejar de llorar cuando tu mascota muere y el otro te permite navegar en internet.
Pero cuando empiezas a matar a la gente por no tragarse tu metáfora de forma literal, algo está yendo muy, muy mal.
Verás, cuando empiezas a hablar de una verdad absoluta se crea en ese mismo momento el concepto de un error imperdonable. Convertir esa dualidad en el "bien" y el "mal" se vuelve un saltito en la lógica tan insignificante que sería una lástima no darlo, y pues nacen la virtud y el pecado... o el karma o qué se yo; si te metieras un poco en las obras originales de los Maestros que escribieron esas doctrinas, te darías cuenta de que ellos pensaban que el universo es unión y, bueno, cíclico, así que lo mejor que puede hacer una persona con sentido común es trascenderlo, liberarse de sus ataduras, y convertir toda la oscuridad dentro de tu corazón en amor por el prójimo aunque te roben tus vacas.
Sí, buen, ahí es donde se vuelve complicado, porque el amor sin condiciones no convence feligreses.
Así que, mientras las religiones se inventaban nuevos enemigos, los iniciados se intentaban adaptar a sus tiempos e inventaron formas de trascender el mundo sin hacerse objeto de multitudes enardecidas. Lo primero que se les ocurrió, benditas sean sus mentesitas maquiavélicas, fue embriagarse con el resto de la tribu y comer hongos y otras plantas extrañas como si no hubiera mañana.
Oye, me agrada la idea; si hay otro camino para la iluminación, seguro que no es tan bueno. Pues la sociedad acabó por adoptar la moral y lamentable sobriedad de los católicos, así que se acabó la fiesta y los iniciados acabaron por decir que el único camino era el ascetismo, la mortificación, la perfección de la voluntad.
Lo que uno hace por salvarse de la hoguera.
Ni tardos ni perezosos, la gente empezó a considerar estos caminos a la iluminación como "buenos" y "malos", y los iniciados pensaron que algo habían hecho mal por que el universo es unión, ¿recuerdas?; si todo lo que queremos es encontrar la eternidad (claro... nada más eso), pues no tenemos nada que hacer intentando convencernos de seguir "el camino de la izquierda" o "el camino de la derecha", es decir, el ascetismo o el exceso, porque "son mejores para el espíritu".
Mejor hay que ser razonables y encontrar el punto medio. Puedes embriagarte pero no demasiado; hay que tener voluntad, pero dejarte convencer si alguien muy guapo te hace ojitos. Todos ganan. Este es el camino medio, y el punto donde todo se va al demonio porque después se inventaron su @&€&@&€ del cuarto camino y ahora sí se nos descontroló el changarro. #Ayuda.
Porque el cuarto camino empezó a hablar de todo tipo de cosas raras como falsos centros emocionales y el ego y qué se yo; todo eso suena muy bien a primera vista, pero cuando los examinas un poquito te das cuenta de que rompen con la única tradición que se ha mantenido hasta la fecha por todas las corrientes de iluminados: pensar que el universo entero es unión.
Quiero decir, si el ego es malo, entonces el hijo de &€ta no debería existir, ¿cierto? Es el enemigo a vencer.
Y eso es una tontería, porque el ego es una función del cerebro. Si está mal, entonces los seres humanos estamos mal. De fábrica.
Verás, los iniciados no creían en eso del camino del exceso, del santo asceta, del término medio; solo son una metáfora para decirnos que ser humanos está terriblemente bien.
No tenemos que cambiar nada. No podemos cambiar nada. Podemos aceptarnos, y solo así podremos amar al prójimo con todas nuestras fuerzas. Porque solo el amor nos permite dejar de lastimarnos. Todo lo demás es hacerse pendejos.


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